El Heraldo
Personal de los equipos de socorro en la búsqueda del cuerpo del adolescente que hace 11 días cayó al río.
Hansel Vásquez
Judicial

La titánica lucha por salvar las vidas de quienes caen en los arroyos

Las primeras 48 horas de la emergencia son “vitales” para encontrar con vida al afectado, consideran los expertos.

Cuando el cielo de Barranquilla se oscurece es indicio de que un fuerte aguacero está por venir. Para algunos la presencia del fenómeno natural se traduce en beneficio para las plantas y para “refrescar el ambiente”, pero para otros —en menor cantidad— la situación se traduce en nerviosismo y alerta.

“Cae una sola gota y ya todos estamos a la expectativa”, dice Alfonso Olivares Antequera, una de las personas que integra el equipo de la Defensa Civil del Atlántico. La actitud de los uniformados no es para menos, teniendo en cuenta que en menos de un mes dos personas, entre ellas un menor, fallecieron tras ser arrastradas por un arroyo en la ciudad.

A esos casos también se le suman dos muertes por inmersión en el río Magdalena y el hecho de que otro joven de 15 años está desaparecido y, aunque estos últimos no estén relacionados con la lluvia, sí tienen que ver con el personal de socorro que realiza las tareas de búsqueda y rescate de cuerpos cuando alguna emergencia se presenta en Barranquilla y el Atlántico.

Para estas personas, la pericia y el tiempo son clave para hallar con vida a quienes, por cualquier circunstancia, han caído a algún arroyo o al río.

Olivares Antequera, quién tiene 37 años de servicio en la institución, es ingeniero electrónico y de comunicaciones y es el responsable de mantener la cadena de información cuando ocurre alguna emergencia.

“Al momento de recibir una llamada de algún evento relacionado con arroyos o desapariciones en aguas, así como otras emergencias, activamos un chat de WhatsApp para que todas las unidades estén atentas”, señala Olivares.

El hombre destaca que las herramientas tecnológicas han sido de “mucha ayuda” en la actualidad para que la respuesta sea más efectiva.

Las formas de rescate en esencia, dice Olivares, se ha mantenido con el pasar de los años. “Eso es lo que ha permitido que le trasmitamos a las nuevas generaciones una información más clara en materia de experiencia. Cuando ocurre un episodio uno ya sabe a dónde dirigirse: a las orillas de los arroyos y caños o directamente a las tarullas que están en las desembocaduras de estas corrientes”, manifiesta.

Una primera avanzada

Una vez que se recibe la emergencia una avanzada del equipo de rescate acuático llega al lugar para evaluar la magnitud del caso.

Si se trata de alguien que fue arrastrado por las aguas el recurso humano utiliza en primer lugar: salvavidas, cuerdas, boyas y una lancha con la que se va recorrer un primer perímetro.

El mayor Néstor Armando Rodríguez, director de la Defensa Civil en Atlántico, explicó que las primeras 48 horas de la emergencia “es vital”, se realizan barridos por la zona cercana donde se presentó el accidente, con la intención de hallar a la persona con vida, y si en ese tiempo no se ha encontrado el cuerpo el área se va extendiendo, mientras que las esperanzas van disminuyendo.

“Esa extensión de la búsqueda implica remover, con cuidado, las aguas de los caños o brazos del río para tratar de dar con el cuerpo; es por eso que ese primer barrido es muy de observación, sin utilizar equipos que puedan arriesgar a la vida de la persona desaparecida”, indica el mayor.

En esas labores de búsqueda colabora Cristian Monsalve, líder de la institución con 12 años de experiencia. Dice que “es lamentable” cuando se presenta algún arrastre por arroyos, porque en la mayoría de los casos son episodios que se han podido evitar.

“Al llegar a las zonas analizamos la situación y al indagar nos damos cuenta que el origen, en la mayoría de los casos, fue por un descuido. Algo que es muy diferente a lo que ocurrió en Mocoa o en el sur del Atlántico cuando los eventos naturales sorprendieron a las personas”, destaca Monsalve. 

Al tiempo que los organismos de socorro hacen una primera evaluación de la emergencia, se conforma un Puesto de Mando Unificado (PMU), integrado por personal de Guardacostas, Ponalsar, Defensa Civil, Gestión del Riesgo y Bomberos para trabajar de forma interinstitucional.

Una segunda fase

Una vez que se cumple la fase de reconocimiento del terreno y se verifica que la persona no está en la zona revisada, se inicia la búsqueda en agua.

“Este proceso, si es en caso de un arroyo, se arranca desde la desembocadura del torrente hacia aguas abiertas en el río; pero si es directamente en el río, se arranca desde la zona donde se informó que cayó el cuerpo”, explica el mayor.

Para está fase se utiliza una lancha que, con las aspas, va removiendo el sedimento a fin de que el cuerpo, si está enredado en alguna parte del fondo del agua, pueda desprenderse y salir a flote.

“En esta etapa nos centramos en buscar el cuerpo. La guía de las aves también resulta de gran importancia, ya que muchas veces ellos confunden los restos de los cuerpos con alimentos y se aglomeran en las superficies de las aguas”, detalla el mayor.

Este protocolo de búsqueda tiene una duración de 8 días hábiles o hasta agotarse todos los recursos y maniobras que permitan dar con el cuerpo de la persona desaparecida.  

Así es la capacitación
Hansel Vásquez

José Sánchez Vargas, funcionario de la Defensa Civil, señala que  el personal acuático se entrena en la Escuela de Capacitación Carlos Lleras Restrepo, en Bogotá. Allí simulan situaciones de emergencias que los lleven a poner en práctica las herramientas que han aprendido.

“En terreno, sobre todo acá en el Atlántico, donde hay factores distintos a los que tuvo que enfrentar el voluntario en la academia, debe tener la capacidad de adaptarlos a los escenarios que acá se encuentran”, resalta Sánchez Vargas.

“Yo me aferré a Dios para poder salir con vida”: rescatado

William Alberto Ortega Ortiz fue rescatado de las aguas del arroyo de la calle 85, el 18 de agosto del año pasado.

Su cuerpo recorrió un trayecto de cerca de 4 kilómetros y fue sacado de las aguas por varios amigos en un canal ubicado en el barrio Siape.

“Yo estaba quitando mis elementos de trabajo, cuando siento que una avalancha de agua viene para encima de mí. Yo solo iba pensando en Dios y mi pequeña hija de un año y medio. Yo me aferré a Dios para salir con vida de ese pedazo. En ese trayecto pensé en muchas cosas, pero nunca perdí la fe ni la esperanza”, relató en su momento el hombre.

Aunque algunos compañeros trataron de rescatarlo, la furia del agua lo impidió; por eso, se concentró en “dominar” al arroyo y así poder tomar ventaja en esta lucha.

A unos pocos metros de la desembocadura del arroyo en el río Magdalena, Ortega encontró la “oportunidad perfecta” para poder salir del agua.

“En el momento que me di cuenta que el caudal no era tan fuerte, empecé a nadar hasta la orilla. Cuando salí, había varias personas que me socorrieron y me trajeron hasta el hospital”, agregó el vendedor ambulante en su relato.

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