Especiales | EL HERALDO

¿Quieres recibir notificaciones?
Si
No
INGRESAR Explora tu perfil

Amigo lector,

Haz disfrutado 5 de 10 contenidos gratuitos.

Nuestro deseo es que continues informandote y disfrutando de todo nuestro contenido, por eso te invitamos a iniciar sesión ó crea tu cuenta gratis en nuestro portal.

SUSCRÍBETE
X

Hola,

Bienvenido a tu cuenta de EL HERALDO.

Con tu cuenta de EL HERALDO vive una nueva experiencia. En este momento nuestros usuarios registrados disfrutan de:

Acceso Ilimitado

Bienvenido a EL HERALDO

Bienvenido, puedes ingresar con tu correo electrónico y contraseña registrada.

Si todavía no tienes una cuenta, puedes registrarte aquí, es gratis.

Conéctate con tu cuenta de Facebook ó Google

Registrate en EL HERALDO

Crea tu cuenta en EL HERALDO y vive una nueva experiencia. En este momento nuestros usuarios registrados disfrutan de:

Acceso Ilimitado

* La contraseña debe ser mayor de 5 caracteres, contener una mayuscula y un numero

x

Reestablecer tu contraseña

Ingresa el correo electrónico con el cual te registraste, te enviaremos un enlace para que puedas restablecer tu contraseña y acceder de nuevo.

La sesión ha sido cerrada con exíto
Por favor, complete su información de registro aquí

Resiliencia y capacidad de adaptación


Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp


La cuarentena nos ha permitido, entre otras cosas, ser creativos y construir opciones positivas para sobrellevar este momento.

La respuesta a la pregunta qué hemos aprendido del aislamiento social, no es simple. Como suele ocurrir con los distintos asuntos humanos, son muchos los factores implicados en las experiencias individuales y por tanto también serán diferentes los aprendizajes que se deriven de ellas.

Así lo manifiesta Olga Hoyos, Doctora en Psicología del Departamento de Psicología de la Universidad del Norte, al hacer un balance del mes de confinamiento que llevamos los colombianos por causa del coronavirus, y que fue extendido por el presidente de la República, Iván Duque, hasta el 11 de mayo próximo.

Hoyos señala que “cuando el concepto aprendizaje nos lleva a pensar, de manera general, en cambios permanentes en la conducta, creo entonces que aún nos queda tiempo para ver cuáles han sido esos aprendizajes.

Por tanto, harán falta estudios que den cuenta del cambio en nuestro comportamiento es distintas esferas, para poder precisar esos aprendizajes”.

Tampoco es lo mismo hablar de aprendizajes individuales, a referirse en lo que como especie o naciones debemos aprender ya sea en lo político, económico o social entre otros aspectos, agrega.

“Muy humildemente, sólo me atrevo a señalar algunos aspectos que el aislamiento social nos ha permitido hacer consciente y quizá algunos aprendizajes que considero deseable que logremos como resultado de esta vivencia”, indica Hoyos

La Doctora Hoyos cree, por ejemplo, que para muchos ha sido una oportunidad para:

  • Ser consciente de que el ser humano es capaz de los comportamientos y sentimientos más loables, así como de los más lamentables y censurables.
  • Ser creativos y construir opciones positivas para sobrellevar este momento, no sólo en su ámbito privado, sino generando aportes al bienestar de otros.
  • Ponernos en el lugar del otro… Aunque me atrevo a decir, que aún esta competencia no la hemos generalizado… la empatía no la sentimos hacia todas las personas en distintas condiciones.
  • Reconocer y ser consciente de las brechas sociales y económicas existentes en nuestro entorno cercano y a nivel mundial. Pero también de las distintas realidades personales, familiares que van más allá de las condiciones económicas y sociales.
  • Otra realidad de las que nos hemos hecho consciente es de la incertidumbre. El diario vivir nos crea una ilusión de certeza, pero lo cierto es que es la incertidumbre nuestra compañera permanente. Si el darnos cuenta de esto se convierte en permanente, entonces tal vez también, aprendamos a valorar la vida y lo que eso significa.
  • Y esto último me lleva a señalar lo que yo creo que sería el aprendizaje más deseable:
  1. Que la empatía se convierta en la tendencia más habitual en nuestro diario vivir.
  2. Que hayamos entendido que la educación emocional, el aprender a “ponernos en los zapatos del otro” tiene que ser un propósito, una intención y que no llega de manera espontánea con la edad.
  3. Que no haga falta otra situación similar para darnos cuenta de que somos seres interrelacionados y que no es suficiente con salvaguardar “mi seguridad”.
  4. Cuando empecemos a salir nos daremos cuenta si hemos aprendido y si “tratar al otro, como quieres que te traten a ti mismo” se convirtió en nuestro modo habitual de actuar o si se impone el “usted no sabe quién soy yo”.