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La ‘Semana de Pasión’ de los nuevos nazarenos que deja la pandemia en la Costa Atlántica

Guadalupe De la Hoz, espera volver a su trabajo.


TEMAS TRATADOS
coronavirus - COVID-19 - Trabajadores

EL HERALDO recoge las historias de trabajadores, independientes e informales que se quedaron de brazos cruzados, luego de sufrir el impacto del coronavirus en sus vidas. Aseguran que se sienten abandonados.

Guadalupe De la Hoz Roa no viste una túnica y un capirote de color morado. Tampoco ha magullado su espalda a punta de golpes de una ‘disciplina’ para cumplir una promesa. 

Sin embargo, desde el pasado 24 de marzo está pagando una especie de manda debido a que el restaurante en el cual labora –ubicado en la zona céntrica de Barranquilla– fue cerrado temporalmente y, por ende, suspendieron su vinculación laboral.

Aunque esta mujer, quien vive junto a sus hijos de 22 y 15 años en una humilde vivienda del barrio Por Fin, utilizó sus pocos ahorros y las ganancias de varios días de trabajo para la compra de alimentos para sobrellevar la cuarentena, con el correr de las horas ha sentido los primeros efectos de no tener sus ingresos diarios.

“Soy la encargada de mantener mi hogar, con lo que gano en el restaurante. Tengo cerca de dos semanas que no trabajo y los pocos ahorros que tenía se han ido en la alimentación. Gracias a Dios que no pago arriendo, porque eso sería otro dolor de cabeza”, dice De la Hoz Roa, quien es la encargada de atender las mesas y despachar los domicilios en el restaurante.

Asegura que han tomado algunas medidas extremas para hacer rendir los alimentos y poder cubrir sus necesidades durante unos días más: “Acá estamos haciendo un desayuno más o menos fuerte sobre las 11:00 a.m. para podernos saltar el almuerzo y volvemos a comer algo en la tarde-noche para no acostarnos con el estómago vacío”.

‘Lupe’, como la llaman sus familiares y amigos cercanos, dice que la sorprendió la decisión del presidente Iván Duque de extender la cuarentena hasta el próximo 26 de abril, puesto que contaba las horas para regresar a trabajar.

“Estoy muy preocupada y tensionada, pensando en los días que vienen, cómo haré para solventar todos los gastos del hogar. Yo estaba esperanzada en que el lunes podía volver al restaurante pero no va a ser posible”, agrega con cierta resignación.

En medio de esta dificultad, sostiene que la única ayuda que ha recibido fue por parte de una hermana, quien le entregó una parte del mercado que las autoridades le entregaron para solventar sus necesidades.

“Lo que más me entristece es que muchas familias que cuentan con recursos y están mejor que yo, han recibido un sinnúmero de ayudas tanto de alimentos como dinero. A las personas que verdaderamente lo necesitamos, no nos han tenido en cuenta”, indica De la Hoz.

Al final, asegura que los días que restan serán aprovechados para compartir con sus hijos y que con la Semana Santa se materialice un ‘milagro’ del cielo y así pueda sobrellevar esta situación adversa.