En video | Tener hijos, un dilema para los millennials

En 1960, una mujer en Colombia tenía en promedio 6,8 hijos, cifra que bajó a 1,8 en 2018, según el Dane. Incertidumbre económica, realización personal y preocupación ambiental son algunas de las razones de quienes no contemplan como opción traer hijos al mundo.

Entretenimiento

En 1960, una mujer en Colombia tenía en promedio 6,8 hijos, cifra que bajó a 1,8 en 2018, según el Dane. Incertidumbre económica, realización personal y preocupación ambiental son algunas de las razones de quienes no contemplan como opción traer hijos al mundo.

Somos la primera generación que se cuestiona si en verdad nos interesa ser padres. A muchos les molesta que respondamos “no”, por eso nos llaman egoístas”, dice Óscar Santana, de 27 años. 

Óscar quiere conocer el mundo, aprender nuevos idiomas y trabajar en causas sociales. Para él, “tener hijos es una imposición social” con la que no está de acuerdo. 

“La doble moral de la sociedad no ve bien que uno reconozca esto porque hay una concepción de realización personal alrededor de tener hijos y familia”. 

Rafael Pérez, de 27 años,  se preocupa por la sobrepoblación y sobreexplotación del planeta. “Cada vez destruimos, contaminamos más y le hacemos daño a nuestro entorno para alimentarnos, vestirnos y transportarnos. En 10 años habrá sobre la Tierra 8.500 millones de personas. Las alertas de las Naciones Unidas son cada vez más apocalípticas. Esto parece que no importa como debería”. 

Para Santiago Pedrozo, de 32 años, la falta de estabilidad laboral, el desempleo y la precariedad de la economía en el país le alejan de la idea de ser padre algún día. 

“Un niño cuesta mucho dinero, siendo profesional en este país y apenas alcanza para vivir. A eso sumémosle la delincuencia, la violencia, la polarización y la carencia de valores. No quiero cargar la cruz de ser un ejemplo para una persona en un mundo tan conflictivo”.

Cifras

Los millennials son las personas nacidas entre 1980 y el año 2000. Esa generación que vio la luz en los albores del nuevo milenio entre cambios sociales y tecnológicos se debate entre la adolescencia y la adultez. Los millennials menores (nacidos en el 2000) ya tienen 19 años y los más adultos están pisando los 39. En ese sentido, las etapas en las que viven la maternidad son muy diferentes puesto que los primeros entrarían en la escala del embarazo adolescente. 

Según el análisis preliminar de natalidad en el Atlántico del Dane, con corte 31 de marzo de 2019 (cifras publicadas el 27 de junio) en el Atlántico han sido madres 9.614 mujeres durante el primer trimestre del año. De estas, 2.723 tenían entre 20 y 24 años, 2.397 entre los 25 y 29 y 1.602 de 30 a 34. Lo anterior muestra un aumento con respecto al mismo periodo de 2018 en el que se registraron 9.089 nacimientos.

No obstante, en el país se evidencia una ostensible disminución de la tasa de fecundidad desde hace varias décadas. En 1960 una mujer colombiana tenía en promedio 6,8 hijos, índice que ha ido descendiendo con el pasar de los años, según la última Encuesta Nacional de Demografía y Salud. El estudio que se realiza cada cinco años determinó que en 2010 una mujer tenía 2,1 hijos y 2 en 2015. En la actualidad, según datos del Banco Mundial de 2018, en Colombia nacen 1,8 hijos por mujer, lo que significa una reducción del 73,53% en comparación con la década de la ‘paz y el amor’.

Esta tendencia preocupa, sobre todo, a los países europeos que se enfrentan probablemente a las más bajas tasas de nacimientos de cara al envejecimiento vertiginoso de su población.

Un análisis del Instituto Demográfico de Austria vaticinó que “la falta de hijos está llegando a su punto máximo en Europa”, indicando además que Italia, España y Grecia son los países con mayor tendencia a no tener hijos.

Durante el primer semestre de 2018, el Instituto Nacional de Estadística de España evidenció que en ese país hubo 179.794 nacimientos y 226.384 defunciones. La cifra más baja de nacimientos y más alta en muertes desde que existen registros demográficos en España.

Economía y trabajo

“No es cierto que un niño venga con el pan debajo del brazo”, dice Óscar Santana, quien afirma que le parece “irresponsable” y retrógrado que los gobiernos no se tomen en serio el tema de la “natalidad masiva”.

Daniela Vargas, de 20 años, quedó embarazada a los 15. Para ella, el amor que una persona siente por los hijos es indescriptible, pero traer un niño al mundo es una decisión que hay que pensar con cabeza fría y “no con las emociones de la sexualidad”.

“Es duro ser mamá, mucho peor ser madre soltera. La realidad es que te cambia la vida y hay pocas oportunidades. Amo a mi hijo, suena fuerte, pero si pudiera devolver el tiempo no haría las cosas de esa manera”.

Para la doctora en Psicología y docente de la Universidad de la Costa, Aura Cardozo, uno de los cambios más importantes en los años sesenta se dio a partir del descubrimiento de la píldora. 

“Cambió la forma de relacionarnos porque de alguna manera el matrimonio era necesario para tener una vida sexual activa. Con la píldora, la mujer ya no tenía relaciones sexuales con el fin de procreación, sino que además podía decidir si se casaba o no. Logró liberarse de  la maternidad como un efecto directo de tener relaciones sexuales”. 

Cardozo explica que en esa época las mujeres encontraron otra forma de realización a través del trabajo por el fortalecimiento del desarrollo industrial y del sistema capitalista.

“Hoy en día, tener esposo e hijos no es la única forma de realización. También tener una profesión, alcanzar el desarrollo personal, viajar o conocer el mundo”. 

Explica que esto se debe a que el concepto de familia ha cambiado históricamente. “En la edad media las familias eran extensas, en la modernidad fueron familias nucleares y en este tránsito hasta lo que podría llamarse la posmodernidad, ya no se habla de una familia sino de múltiples formas de familia”.

Una opción

La socióloga, doctora en Antropología y docente de la Universidad Simón Bolívar, Matilde Eljach, señala que el hecho de que algunos millennials decidan no tener hijos “es un indicador de los grandes cambios que la sociedad ha tenido”. 

“La maternidad ahora es una opción”, explica. 

“En la época de nuestras abuelas y madres, las mujeres no tenían otra opción porque su posibilidades de ingreso a estudios superiores y a la actividad laboral era muy reducida; por esa razón, los hogares tenían ocho, 10, 12 hijos. Hoy,  la maternidad ha cambiado y se puede ejercer también de una manera diversa”. 

Para la académica, en este mundo moderno, y para algunos posmoderno, se ha revertido la relación de la mujer en la pirámide social y su injerencia en decisiones políticas y económicas de una sociedad. 

“Cuando la mujer adquiere su independencia económica aprende también a decidir sobre su vida y  su cuerpo. De allí se  deriva su decisión de no querer tener hijos, no querer casarse  o tener relaciones de pareja con alguien de su mismo sexo”. 

Incertidumbre

Johanna Núñez, de 26 años, dice que tener hijos no está entre sus planes porque existe una “incertidumbre sobre el futuro”.

“Vivimos en la inestabilidad. No sabemos si mañana tendremos casa, trabajo, si estaremos bien. Podemos sobrevivir en esta situación solos, pero no con hijos”. 

Rafael Pérez dice que “los problemas sociales son los que ocupan toda la atención de la gente” una de las “más grandes incertidumbres” está relacionada con el cambio climático. 

“Cuando los problemas ambientales nos peguen de frente, todo lo demás va a pasar a segundo plano. Es muy poco lo que los ciudadanos de a pie podemos hacer por esa situación. No usar pitillo, no gastar más de un cepillo de dientes al mes o de comprar con bolsas ecológicas son pequeñeces. Sin embargo, hay que tratar desde nuestra individualidad de reducir nuestra huella ecológica y el impacto que tenemos sobre el medioambiente. La forma más eficaz de reducir la huella propia es no tener hijos. Más que dejar de comer carne, reciclar o dejar de usar carro”, sentencia. 

Adriana Arteaga, de 32 años, vive con su pareja desde hace cinco años. Ella y su esposo decidieron no tener hijos, pero adoptaron a Thiago, un perro Boston Terrier al que quieren “como si fuera” uno.

A pesar de que en una sociedad tradicionalista muchas personas cuestionan pensamientos como el de la pareja. Eljach recalca los motivos para no ser padres pueden ser diversos.

 “Ya no podemos seguir sosteniendo que la maternidad es obligatoria, son opciones de vida, opciones de ejercer los derechos que como seres sociales y  humanos todos tenemos”, concluye.

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