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El titulo es:De la Billo’s Caracas a las calles de Barranquilla

De la Billo’s Caracas a las calles de Barranquilla

El saxo del venezolano Marco Benvenutto, afectado por la crisis de su país.

El saxo del venezolano Marco Benvenutto, afectado por la crisis de su país.

En las mañanas frescas de este enero de cielo limpio y brillante que le da la bienvenida al nuevo año, las notas de un saxo desconocido vuelan perezosas en alas de la brisa suave que sopla en la esquina de la carrera 46 con calle 53.

Refugiado en la sombra que provoca la mole de almacenes y comercios que se levanta en el lugar, un hombre de cabeza algodonada es el que arranca la música de un instrumento de escaso brillo que le cuelga sobre el pecho. Nuestro juramento, de Julio Jaramillo; La Piragua, de José Barros; Roberto Ruiz, de Billo’s, y algo de jazz; son algunas de las melodías con las que ambienta el sector, aún adormecido por el trajín de fin de año, y que trata de recobrar su dinámica habitual de gente que va y viene con paso apresurado.

Se llama Marco Benvenutto Rangel, venezolano de ascendencia italiana, y dice que hace sonar el instrumento para poder sobrevivir. A sus 60 años es uno de los dos millones de personas en que se calcula la diáspora venezolana obligada a saltar la frontera hacia Colombia, por la conocida crisis social y económica en que se debate el vecino país.

En un alto a su concierto callejero en el que los transeúntes le dejan monedas y uno que otro billete en el maletín que le sirve para guardar el instrumento, el artista le cuenta a AL DÍA sobre su trayectoria musical… y su desgracia.

“Hice parte durante unos 15 años de la Billo’s Caracas Boys, en la época del maestro Frometa; también estuve 25 años con Germán Carreño, e igualmente toqué con la orquesta de Porfy Jiménez. Tres grandes del pentagrama latinoamericano que todos conocen muy bien en Colombia”. A la música llegó por vocación de herencia familiar, pero también se formó en la academia.

“Estudié solfeo y todo el género musical, teoría de la música y soy profesor de canto con tendencia americana e italiana”, afirma como queriendo aclarar que su saxofón callejero no es nada improvisado. Benvenutto tomó la decisión de abandonar su patria luego de quedar dos años sin nada que hacer en materia musical.

“Allá la crisis también tocó al arte, no hay orquestas ni grupos donde trabajar. Faltan presentaciones y prácticamente no hay grabaciones”, se lamenta, al tiempo que trata de retomar una nueva melodía que deja inconclusa para proseguir su relato.

A nuestro país llegó a principios del año pasado, y Santa Marta fue su primera escala. Le llamó la atención la ciudad por su condición turística. “Me estaba yendo bien, pero la mala suerte me alcanzó por acá tan lejos. Una buseta de pasajero me llevó por delante y me dejó maltrecho”.

El saxofonista afirma que se vio muy mal, al punto que le practicaron dos cirugías en la cabeza, pues “tuvo compromiso de cerebro”, como explican los médicos en sus reportes. “No estoy bien del todo, aún está pendiente una cirugía, pero tengo que salir a ver que consigo para seguir viviendo”, dice con tono lastimero.

Nuestro artista no se queja de su auditorio ambulante, reconoce que en Barranquilla la gente aprecia el ritmo de sus melodías aunado al sentido de solidaridad que ha encontrado entre todos los colombianos. Lo que recauda le da para pagar una pieza de hotel barato en el Centro, para no morir de hambre, e incluso para ahorrar algo y enviarlo a la familia en Valencia.

Su jornada la inicia a las 9 de la mañana y se puede extender por unas 12 horas. Cuando no está en los alrededores del Portal del Prado se va por los lados de la Gobernación, y antes de la vacancia judicial alegraba con su música las afueras de los juzgados. Marco Benvenutto Rangel tiene planeado por estos días regresar a Venezuela a reencontrarse con su familia, luego de esta inesperada ‘gira musical’ que le deparó la crisis de su país.

Todavía no tiene claro si regresa, pues reconoce que aún le cuesta pararse en una calle a mostrar su arte, y esperar la ayuda del público. “Siento como si me dijeran: ‘Toca a ver si te puedo dar algo ahí...’”

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