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El Editorial | ¡Los parques son nuestros!

Inescrupulosos están cometiendo hechos vandálicos en los parques de Barranquilla que amenazan estos lugares convertidos en modelo de convivencia ciudadana y democratización del espacio público. Protegerlos es labor de todos.

Dignificar la vida de las personas, especialmente de las más vulnerables, debe ser una obligación moral de los gobernantes. En Barranquilla, desde hace más de 10 años, sus autoridades han impulsado una política pública para democratizar los espacios de uso colectivo facilitando la integración de la comunidad. El Gran Malecón del Río es una muestra de ello, y otra, son los parques, indicadores de calidad de vida, símbolos de bienestar y de fortalecimiento del tejido social en cuya construcción, recuperación y mejoramiento, el Distrito ha invertido cuantiosos recursos y lo sigue haciendo, la actual administración de Jaime Pumarejo anuncia otras 140 intervenciones en el espacio público.

Sitios de uso recreativo dedicados al goce y entretenimiento de menores de edad, familias, deportistas, personas en condición de discapacidad o adultos mayores que han transformado la vida de barrios de las cinco localidades de Barranquilla, tras ser arrebatados de manos de la delincuencia, consumidores de drogas o abusadores sexuales que los habían convertido en su refugio. Esta verdadera revolución del espacio público que no discrimina ha logrado recuperar más de un millón de metros cuadrados, equivalentes en área a 31 Plazas de la Paz. Solo en el suroccidente, por ejemplo, en los últimos años se han recuperado 205 mil metros cuadrados de plazas, plazoletas y canchas deportivas y entregado 50 parques. Uno de los últimos fue el de Los Ahijados, en La Esmeralda, donde se invirtieron $1.042 millones.

Se entregan con juegos infantiles, gimnasios biosaludables, áreas de descanso, zonas verdes y canchas. Además, con luminarias tipo led para garantizar que puedan ser visitados en condiciones de seguridad en la noche, algo esencial para propiciar encuentros que favorezcan la interacción de los vecinos y el fortalecimiento de sus relaciones sociales. Apropiarse de su parque constituye un logro significativo de cada comunidad que encuentra un lugar imperdible para promover su convivencia como sociedad construyendo valores como el respeto, la tolerancia, la responsabilidad, la solidaridad, el bien común, la honestidad, la participación o la igualdad.

Decenas de miles de personas disfrutan hoy de sus parques, de la vida saludable que estos les han permitido y de los múltiples beneficios de un entorno más verde y respetuoso con el medioambiente. Es incomprensible cómo el vandalismo de unos cuantos amenaza el ambiente sano de armonía y convivencia generado en estos espacios. Con preocupación las autoridades lidian a diario con los daños, que van desde grafitis en bancas, paredes y muros hasta el robo de piezas de las máquinas y del cableado eléctrico de las luminarias.

A la delincuencia es la única a la que le conviene que los parques se conviertan en lugares oscuros y solitarios donde las personas queden expuestas a ser víctimas de todo tipo de delitos. Cada hecho vandálico que, por indiferencia o temor, los ciudadanos toleran en uno de los parques o espacios públicos de la ciudad los condena a dejar de asistir a ellos. Solo el año pasado, el Distrito invirtió $17 mil millones en el sostenimiento de parques, incluyendo las reparaciones de los daños. ¿Cuántos parques adicionales para el disfrute de la gente de Barranquilla no se podrían haber construido con estos recursos que todos pagamos con nuestros impuestos?

Asumamos responsabilidades con estos lugares que nos prestan un invaluable servicio, también a nuestras mascotas. Con talante ciudadano, repudiemos estos actos vandálicos que deben ser denunciados, pero sobre todo, cuidemos nuestros parques: esta labor no puede recaer únicamente en la administración pública y en la Policía. Cada uno de nosotros debe sentir como propio el espacio público, este no le pertenece a tal o cual administración: es para nuestro uso y beneficio y depende de todos evitar su deterioro. Que no se nos haga tarde.

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