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El Editorial | ¡Ojo con el Canal del Dique!

Son preocupantes las señales que está lanzando el río Magdalena en el sur del Atlántico donde su nivel ha venido en aumento desde hace semanas. Las comunidades, cada vez más afectadas por las inundaciones, exigen urgentes medidas de fondo, ahora cuando aún es posible reaccionar. 

El rápido crecimiento del nivel del río Magdalena, a la altura del Canal del Dique, de dos a cuatro centímetros por día, es motivo de alarma entre los habitantes del sur del Atlántico. Es apremiante contar con todos los recursos disponibles, tanto de la Gobernación como de las alcaldías locales y de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), porque la temporada invernal arreciará en las próximas semanas. La alerta del Ideam frente al recrudecimiento de las lluvias no solo en la región Caribe, sino en el centro del país, exige anticiparse a los momentos más críticos, actuando con sentido preventivo, para intentar mitigar el impacto de posibles inundaciones en poblaciones que temen que se repita la tragedia invernal de 2010. Su seguridad alimentaria y estabilidad emocional vuelven a estar expuestas.

Justamente, campesinos y pescadores de Santa Lucía, Suan, Campo de la Cruz, Repelón y Manatí fueron los primeros en alertar sobre los cambios en el río. El agua se empezó a filtrar desde hace días, tanto que muchos de ellos reportan ya pérdida de animales y cultivos, sus principales medios de subsistencia. A simple vista, se puede constatar cómo se han inundado las fincas en terrenos bajos, pese a las barreras protectoras construidas con sacos de arena, una medida que no ha contenido la creciente. La evidencia indica que, con urgencia, se deben acometer nuevas intervenciones preventivas de mayor calado para mitigar las inminentes afectaciones. “El río se está viendo peligroso”, repiten con insistencia los moradores de estos sectores rurales donde, a falta de mediciones técnicas, el desasosiego de los adultos mayores –sabedores excepcionales de las dinámicas del río– revela que la situación se está tornando muy crítica. Escuchar a las comunidades resulta fundamental para que no se repitan errores del pasado.

Las labores de acompañamiento, monitoreo y patrullaje de las condiciones del río, en tiempo real con medios tecnológicos como drones y unidades móviles, a cargo de la Corporación Autónoma Regional del Atlántico (CRA), son estratégicas, porque forman parte de acciones absolutamente imprescindibles en estos momentos. También es indispensable mantener en alerta a los comités locales y regionales de prevención y atención de desastres del sur del Atlántico. Sin duda, todas las medidas de vigilancia orientadas a mitigar emergencias, en particular en los puntos de mayor riesgo son válidas, pero hay que ir un paso más adelante. La recomendación del director de la CRA, Jesús León Insignares, de identificar y preparar albergues para quienes requieran reubicación temporal apunta en la dirección correcta, sobre todo porque la gente, desesperada, comenzó a improvisar estructuras para proteger sus enseres de la acechanza del agua. Es tiempo de propuestas que eviten el colapso, cuando aún es posible reaccionar.

Si continúa lloviendo en el interior del país, los efectos del fenómeno de La Niña acrecentarán el impacto del invierno, incrementando el caudal de los ríos en la región Andina que inevitablemente verterán mucha más agua en el Cauca y finalmente en el Magdalena. Distintas mediciones confirman un ascenso constante en el nivel del río, que el pasado domingo en la estación de San Pedrito se ubicaba en 7,3 metros, aún lejos de su cota de desbordamiento de 9,3. Sin embargo, en septiembre de 2020, ese nivel era de apenas 6,3 metros. Por todas las señales que se reciben a diario, la preocupación entre los alcaldes de los municipios de influencia del rebosante embalse de El Guájaro, como sus aguas, va en aumento.

La dramática crisis invernal que asola, desde hace más de un mes a Sucre, Córdoba y Bolívar, donde se cuentan por miles los afectados, luego de que el río Cauca abriera un gigantesco boquete en el sitio conocido como Cara ’e Gato, debe servir como espejo ante la seriedad de la situación que podría golpear al departamento, o al Magdalena, donde la problemática erosiva que se traga la ribera del río en Salamina sigue sin solución definitiva. No existe hoy un asunto en los municipios del Atlántico que concite más gravedad que la amenaza invernal en el sur. La gobernadora Elsa Noguera, consciente del riesgo inminente que corren miles de personas, ha trasladado a varios de sus secretarios a la zona desde hace días. Ningún esfuerzo que hagan será menor, pero es pertinente también hacer un enérgico llamado al Gobierno nacional para que acompañe la angustia de estos atlanticenses que se llevan las manos a la cabeza sin saber qué hacer.

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