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Nabil Crismatt y su madre Mónica Abuchaibe Abuchaibe, el 2 de septiembre de 2010.
Archivo particular
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“Todo el mundo me decía que Nabil iba a tirar la toalla”: Mónica Abuchaibe

La madre del lanzador de los Cardenales de San Luis recuerda pasajes importantes en el proceso que lo llevó a Grandes Ligas.

La dicha está a flor de piel. Se siente nítidamente al otro lado de la línea. Mónica Abuchaibe Abuchaibe, madre del lanzador de los Cardenales de San Luis, Nabil Crismatt Abuchaibe, evidencia la inmensa felicidad que se apoderó de ella desde el lunes pasado cuando su hijo cumplió su sueño de debutar en Grandes Ligas.

No se cambia por nadie, solo agradece a Dios por llevar a su pequeño a la cima por la que tanto batalló desde muy niño.

“Todo el esfuerzo valió la pena. Esta carrera no es fácil, es de lucha, de guerrear, no es para cualquiera que no tenga disciplina y perseverancia”, apunta Mónica.

En medio de sus permanentes miradas de gratitud hacia el cielo, la progenitora de Nabil solo lamenta es que no pudo disfrutar presencialmente el estreno de su hijo en la Gran Carpa. En condiciones normales, sin la pandemia, la organización de San Luis le habría enviado a ella y a José Crismatt, el padre, unos tiquetes para que se desplazaran a Estados Unidos y gozaran en el estadio ese momento especial en la vida del beisbolista.  

“Eso lo que más me ha dolido, porque yo lo único que he hecho desde el lunes es darle gracias a Dios, sin Él no sería posible. Espero que después que pase todo esto, la organización se reivindique (risas)”.

Tiempos de ‘vacas’, rifas y bingos

Repasando el álbum de su cabeza, ‘Mamá Mónica’, como le dicen el lanzador José Quintana y otros beisbolistas amigos de Nabil, se emociona con los días en que su retoño hacía parte de las Pequeñas Ligas y de las selecciones Colombia de menores, de los tiempos en que ella y otras madres, con el respaldo de Ana de Peláez, reconocida impulsora de la pelota caliente en la ciudad, hacían ‘vacas’, rifas y otras actividades para recolectar fondos y ayudar a los niños del equipo que no tenían los medios económicos para costear los viajes y gastos que revestían las participaciones en los torneos regionales, nacionales e internacionales.    

“Nosotros hacíamos bingos y rifas para reunir dinero y llevar a todos los niños a los mundiales de béisbol. Hacíamos ‘vacas’. Todo en beneficio del equipo. Las madres viajábamos con ellos. Nos dedicábamos con alma y vida”, resalta Abuchaibe.

Cuenta que a pesar de que en las selecciones había chicos de distintos estratos, en el equipo todos eran iguales y muy unidos.    

“No existían diferencias, eso era lo más bonito. Eran una familia. Así nos tenía Ana (de Peláez). Esa es de las cosas lindas de este deporte, la unión”, afirma orgullosa.

Gerónimo Blanco, Sandy García y Jimmy Palmera, entre otros, fueron sus entrenadores en Pequeñas Ligas, en el campo de Bosques del Norte, lugar al que llegó junto a su hermano Esteban y sus primos Daniel, Jorge y Alfredo, entre otros. Allí se movía como pez en el agua, estaba como en casa.

“Los otros hermanos también jugaron béisbol (Emilio es el mayor). Esteban se destacó, pero no tuvo la disciplina de Nabil”.

Y llegó el momento de decidir

Mónica Abuchaibe, que trabajó muchos años en el Sena, como directora de la seccional Bolívar y subdirectora en la de Atlántico, se vio en una encrucijada cuando el cazatalentos dominicano Miguel Delgado le dijo que quería llevarse a Nabil Crismatt a República Dominicana.

Luego de una robusta exhibición de su talento ante Delgado en un ‘try out’ organizado en Barranquilla, Nabil se ganó la oportunidad de dar un paso más en su sueño, pero todavía era un estudiante de bachillerato en el colegio American School.

“Ufff… Un día antes del ‘try out’ yo estaba con Nabil en Santa Marta, de vacaciones, y me dicen que teníamos que llevarlo, que Miguel Delgado lo quería ver. Me tocó interrumpir, sacarlo de la playa y llevarlo. No estaba entrenando en esos días. Después de la prueba me dice Delgado: la única persona que yo me llevaría sería Nabil. Yo le contesté: primero estudia y después se va”, rememora Mónica.

“Recuerdo que Nabil, que estaba en octavo grado, me dijo: ‘mamá, haz de cuenta que perdí el año y dame la oportunidad’. La preocupación era muy grande, no era fácil tomar la decisión, había que renunciar a todo, pero tuvo el apoyo de sus padres. Lo llevé contra viento y marea”, agrega.

Luego de hacer las averiguaciones concernientes sobre el sitio y las condiciones de hospedaje, los papás de Nabil le dieron luz verde y emprendió su viaje a territorio dominicano. Su mamá lo dejó instalado y le dio la bendición.

Ratificó que su sueño era ser un grandesligas

“Todo el mundo me decía que iba a tirar la toalla. Mis primos me decían: te aseguro que renuncia porque no está acostumbrado a esa vida. Nabil no tenía allá en Dominicana todas las comodidades que sí tenía en su casa, pero se comió todas las verdes, porque si tiene algo ese muchacho es ganas de luchar por sus sueños. ‘Mi sueño día a día’, ese es su lema”, expresa con orgullo y satisfacción la mamá del lanzador.  

“Yo lo visitaba cada dos o tres meses y siempre me decía: ‘yo no me devuelvo a Barranquilla hasta que no firme con un equipo de Grandes Ligas’”, añade.

En compañía de Roger Vélez, Álvaro Noriega y Pedro Pérez, otros peloteros colombianos que soñaban con la Gran Carpa, Nabil se mantuvo en pie de lucha hasta que lo firmaron los Mets de Nueva York, pasó a Estados Unidos, jugó en varias categorías (Rookie, Clase A, Doble A, Triple A),  estuvo fugazmente en los Marineros de Seattle, anduvo en Tigres de Licey (República Dominicana), en Tomateros de Culiacán (México) y finalmente pasó a los Cardenales, donde fue ascendido oficialmente al roster principal el lunes pasado (17 de agosto) y ese mismo día debutó de forma auspiciosa en Grandes Ligas.  

“Ese día me llamó y yo le contesté: ‘Ajá papi, ¿cómo vas?’. Y de inmediato me expresa: ‘no quiero que hables nada, solo llamo para decirte gracias, gracias por hacer realidad mi sueño’”.

Nada le borra a Mónica la felicidad por ver triunfar al menor de sus tres hijos que abrió sus ojos al mundo el 25 de diciembre de 1994, razón por la que algunos compañeros de ligas menores lo llamaban ‘Merry Christmas’.

“Él siempre ha sido mi mejor regalo de Navidad”, dice la jubilosa madre.

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