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Palestra deportiva: Sí, pista atlética, pero respetada...

Se nos ha pedido comencemos una campaña periodística en favor de la obtención de una pista atlética para ser instalada en el estadio Roberto Meléndez y en principio nos hemos negado, no porque no se necesita - ¡que miren que sí, que lo contrario sería el apague y vámonos  - sino por ser un gasto irresponsablemente destinado entre nosotros a ser tratado como un trapo de cocina, como ha sucedido con las dos que fueron instaladas en corto tiempo entre una y otra en el mencionado estadio.

Pero hemos corregido esa actitud injusta y mezquina. Lo que hay es que emprenderla no digamos únicamente contra el atarvanismo galopante que adorna a Barranquilla en todos sus estadios, sino fundamentalmente contra la indolencia de las autoridades, incapaces de hacer que se defienda ese patrimonio atlético de nuestra juventud deportiva.

Ya hemos contado a salto de mata (y ni tanto, pues entre uno y otro pronunciamiento median años sin aludir el caso) lo que sucedió con la pista de polvo de ladrillo en 1.934, cuando don Samuel Hollopeter, un hombre que le sirvió silenciosa y efizcamente a Barranquilla, sin que esta tierra de ingratos a venderse por millares le hubiese rendido ni en vida ni luego de fallecido, el homenaje que este norteamericano tantísimo merecía, negado por eso, por norteamericano o mejor todavía, por miedo a que se le llamara “vende patria” por los que sí lo son de los pies a la cabeza, ya que para ellos la patria es Moscú – trajo un técnico inglés radicado en Kingston para que la hiciera.

¡Y la hizo impecablemente! Hasta el punto de haber durado 30 años en inmejorables condiciones, pero a la postre desmejorada y luego destruida, cuando un alcalde descomplicado, un “viva  la virgen” que llaman, permitió que sobre esa pista la recorrieran las carrozas de las reinas  de carnaval. ¡Ah, Chucho! Una pista hecha para soportar corredores, alternados con llantas de camiones,  tronos de oropel y jaraneros a bordo, tenía que acabarse, que inacabada, ni construida en acero toledano.
Convénzase las autoridades: Mientras no haya un escenario para artistas y artisteros, no habrá pista salvada.

Nada deprime mas a un grupo de corredores y velocistas que comprobaran que en su tierra no hay una pista donde entrenarse..!Al diablo con todo! Barranquilla no es ninguna ciudad estadounidense, donde cada colegio que se respete, de segunda enseñanza, tiene pista atlética para sus estudiantes. Por supuesto, están conservadosísimas, aunque de estar, no en un colegio, sino en un estadio de barriada que fuera, el medioambiente en su derredor es de respeto.

 Entonces, hagamos la campaña. Si es que los colegas quieran soltar el hueso de roer de Junior por un ratito, en favor de una causa bonita.

Por Chelo de Castro C.

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