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Once años de diálisis han dejado el cuerpo del excampeón marcado.
John Robledo
Deportes

“Me rehúso a morir en estas condiciones”: Milton Castro

El barranquillero, campeón internacional de taekwondo, lucha contra el rival más difícil de su vida: una enfermedad terminal en los riñones. 

Le dieron la sentencia de muerte. Los médicos especialistas en la materia pronosticaron, hace once años, una expectativa de vida de 15 vueltas al sol.

Milton Castro, con su 1.90 metros de estatura y sus 125 kilogramos de peso, no se doblega ante la muerte. La enfrenta. Se acoge “a los planes de Dios”, como lo afirma en entrevista a EL HERALDO.

El extaekwondista barranquillero sufre de glomerulonefritis membranoproliferativa, una enfermedad que evita que los filtros del riñón eliminen los tóxicos de la sangre.

Este caso es especial. Un trasplante de riñón podría ayudar a solucionar el problema para un paciente que sufra este percance. Lastimosamente para Milton, como le dijeron los médicos, “nació en el país equivocado”.

El trasplante está descartado y el reloj de la vida sigue su curso. “Está descartada la posibilidad. Al ver mi tamaño y demás, ni siquiera entro a la lista. En Colombia no hay riñón para mí. ¿Para qué voy a entrar a la lista, si no hay?”, afirmó desde  la terraza de su casa en el barrio Chiquinquirá.

Las vueltas de la vida. Su portento físico que lo ayudó a ganar medallas en el taekwondo a nivel mundial, es el principal impedimento para soñar con un posible trasplante que lo pueda ayudar a mejorar su vida.

En 2015, un médico de Cali y otro de Medellín viajaron a analizar su caso. Ellos le informaron la situación. “Me dijeron que yo prácticamente estaba condenado sin tener otra enfermedad secundaria. Me dijeron que no podían ponerme un riñón porque aquí en Colombia no iba a encontrar uno del tamaño necesario para mí”, recordó Castro, quien ganó en el 2000,  un Open Mundial de Taekwondo en Corea del Sur.

La agenda del currambero cambió hace una década. Tres días a la semana, siete horas al día, Milton toma asiento en una clínica de la ciudad para hacerse el procedimiento de diálisis. Lunes, miércoles y viernes, de tres de la tarde a diez de la noche, Castro llega a su segundo hogar. Ese largo proceso es la única manera de seguir vivo.

Su discapacidad ha crecido y las dificultades tocan la puerta. Todas éstas en forma de facturas y signos de dinero. Sin trabajo, el hambre apareció.

En ese momento, un silencio se tomó la entrevista hasta que el mismo Castro rompió el hielo y contó su realidad: “Vivo de las limosnas de mis amigos”, aceptó.

Las ayudas de humoristas, periodistas y uno que otro amigo, permiten que Milton Castro no se desplome, pese a su tenacidad y ganas de luchar. “Vivo de limosnas, no puedo trabajar, tengo una enfermedad crónica y terminal. Además, mi diálisis. Mi situación es paupérrima”, aseveró.

Reinventarse, la palabra de moda. Lo que mucha gente hizo durante la pandemia del Covid-19, también lo hizo Milton Castro hace muchos años.

Sin poder competir ni trabajar, con lo poco que recibe de sus amigos, busca la forma de sobrevivir. “A veces cuando me donan plata, cocino hallacas y pasteles y los vendo para ganarme algo”, contó con orgullo y sin pena en sus ojos.

El una vez cuarto lugar en los Juegos Olímpicos de Sídney y campeón panamericano de taekwondo, pasó de vestir el dobok en competencias internacionales a vender comida en su barrio para saciar las necesidades básicas. 

Milton se encuentra estable de salud, pero su “alma sufre”, como él afirma.

El exdeportista asegura que los entes del deporte en Colombia le dieron la espalda. “Algunos se acuerdan y me ayudan como Armando Segovia a principio de año. Pero esto es terminal para mí. No es algo de un día”, agregó Castro.

El taekwondista no ha podido manejar su enfermedad como le aconsejaron los especialistas. Él lo reconoce. “Mi alimentación no es la adecuada. Trato de comer bien hasta donde mi economía me permite. No tengo para un par de zapatos, ahora menos podré comprar cosas para una dieta estricta”, comentó.

Exige su reconocimiento

El costeño no se queda sentado a esperar la fatídica llamada del más allá. Con su abogado, asegura pelear por una pensión vitalicia como gloria del deporte colombiano, una etiqueta que no tiene oficialmente pero por la que lucha ante el Comité Olímpico Colombiano.

 

Milton Castro guarda los recuerdos de sus días como deportista de alto rendimiento. Foto: John Robledo.

Castro afirma que la Federación Colombiana de Taekwondo certificó su título mundial y que, junto al certificado que la Junta Regional de Invalidez le está por tramitar, es apto para ser reconocido como una gloria del deporte colombiano. Ese logro le sería suficiente, como él cuenta, para recibir la pensión.

“Ya la Federación aprobó mis victorias, el presidente Cito Forero está al tanto. Si la Junta Regional de Invalidez aprueba que tengo una invalidez mayor al 50%, deben reconocerme en el Comité Olímpico”, expresó el campeón.

La batalla contra la enfermedad lo hizo más fuerte y está listo para ir hasta la última instancia, como lo cuenta. El atlanticense está decidido, sin importar las consecuencias. “No tengo nada que perder. Si no me lo aprueban, estoy dispuesto a ir a Bogotá y plantarme con mis medicamentos en el Comité Olímpico. Sin diálisis ni nada, pero de ahí salgo. Les demostraré por qué quedé campeón, que vean el tesón y lo guerrero que soy. Si voy y salgo muerto, pues así será”, enfatizó.

Las palabras de Castro eran un recital de desahogo. Era el monólogo de un exdeportista inmerso en un desafío impuesto por el destino. La desazón no le era sencilla de esconder . “Antes se montaban en el tren del triunfo, me llamaban, me mandaban cartas felicitándome, ahora nadie se deja ver. Parece que para ellos es más fácil que me muera sin tener mis tres comidas al día”, comentó.

El legado de la familia

El más joven de los Castro es su hijo Engel. Él también es taekwondista y funge como soporte de su padre. Con un corazón de león, trabaja por sacar a la familia adelante. ”Mi hijo tiene una moto y hace domicilios para pagarse la universidad. Tiene media beca y también ofrece clases de taekwondo a niños para conseguir algo de dinero”, afirmó el padre.

La falta de un plato de comida en la mesa o la urgencia de un par de zapatos talla 47.5, lo que calza el campeón, no golpean su determinación. Ni siquiera tener que caminar desde su casa hasta la Cordialidad con carrera 16, donde recibe su diálisis, le quebranta el espíritu.

Milton camina dos horas para seguir en pie de lucha. A veces sin almorzar, el luchador enfrenta la disputa más compleja de su carrera sin bajar la cabeza.

“Estoy emocionado solo de pensar en la pensión. Quiero mejorar mi alimentación y así disminuir el impacto de mi enfermedad. Me rehúso a pensar que no me la darán. No pueden dejarme morir así”, sentenció.

Milton Castro y su hijo, Engel, practican en la terraza de su casa en el barrio Chiquinquirá. Foto: John Robledo
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