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Por: Ivonne Arroyo

La danza contaminada y su diálogo con todas las artes

La coreógrafa cubana Marianela Boán arribó a la ciudad para mostrar una manera distinta de entender el cuerpo, a través del movimiento y mezclando otras disciplinas.

Al igual que la música, la danza puede contener cierto grado de contaminación que nuble la pureza del movimiento artístico. Hay ballet contemporáneo que puede ser muy clásico y ballet súper clásico que también puede ser muy contemporáneo. Pero vamos a contaminarle más. De repente, durante la danza, el bailarín grita, habla, toca un instrumento, hace un fashion show. A ese revolucionario estilo se le denomina “danza contaminada”, una combinación radical de todas las artes, cuyo resultado escénico permite “ser abstracto, pero al tiempo poder hacer preguntas más concretas”.

El concepto es defendido ampliamente por la coreógrafa cubana Marianela Boán, una de las más reconocidas artistas de la vanguardia danzaria cubana e hispanoamericana, quien arribó a Barranquilla después de 20 años para instar a ejercer otras formas de entender la propia cotidianidad del cuerpo.

“Es que toda pureza es estéril, y más en esta época. Por eso la danza contaminada utiliza a la danza como fuente, como lenguaje original del proceso, pero está siempre abierta a otro tipo de disciplinas artísticas y géneros”, explica Boán, una de las conferencistas del ciclo de talleres de la Universidad del Norte sobre pensamiento, escena y movimiento, que se celebró durante esta semana en la institución.

“Es sumamente importante la integralidad. Si tu sabes mucho sobre ingeniería o economía, pero no hay contacto con el arte,  se pierde el espíritu, no tiene guía”, consideró la artista.

Por eso, fue la encargada de liderar un taller de improvisación colectivo abierto y experimentación con el grupo Zaratustra, así como una intervención al campus universitario, bajo la coordinación de la docente en Filosofía y Humanidades Mónica Gontovnik. 

“La danza es un proceso de investigación porque el arte mismo es una investigación en el momento que está sucediendo. Eso es complicado de entender cuando no he hace arte. Habría que hacer más arte”, destaca Gontovnik. 

Ese impulso a hacer más arte está explícito en el discurso de Boán, quien además es directora y fundadora de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea del Ministerio de Cultura de República Dominicana. Desde allí, así como en su momento lo hizo en Cuba o en Estados Unidos, promueve la contaminación en la danza, un concepto que comenzó a acuñarse a principios de los noventas.

“A veces el movimiento mismo no alcanza para decir cosas importante. Por eso en la danza contaminada se hace uso del código de la palabra, el canto o los movimientos teatrales. De todo lo que sirva para dimensionar, contextualizar o construir una idea”, dice.