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El titulo es:El día en que Macondo bajó por las escaleras del Ayuntamiento

El día en que Macondo bajó por las escaleras del Ayuntamiento

Un recorrido testimonial con las anécdotas de Totó la Momposina, Gloria Triana, Poncho Zuleta y Lourdes Acosta, quienes hicieron parte, en representación del Caribe, de la delegación cultural que viajó a Estocolmo, Suecia, por la entrega del premio Nobel.
Archivo El Heraldo
Archivo El Heraldo
Gabo posando con su medalla del nobel, luego de la premiación. Archivo El Heraldo

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Un recorrido testimonial con las anécdotas de Totó la Momposina, Gloria Triana, Poncho Zuleta y Lourdes Acosta, quienes hicieron parte, en representación del Caribe, de la delegación cultural que viajó a Estocolmo, Suecia, por la entrega del premio Nobel.

Gabo, te manda de Estocolmo
un poco de cosas muy lindas
una mariposa amarilla
y muchos pescaditos de oro...

Los versos de Rafael Escalona en la canción Vallenato nobel hacen que Pablo López recuerde aquel remoto día en que las páginas de EL HERALDO le llevaron la noticia del triunfo de Gabriel García Márquez como nobel de Literatura. También la memoria le trae a cuento que por este  mismo medio se enteró de la buena nueva: que acompañaría hasta Estocolmo a su amigo y compañero de parrandas.

Con Pablo López también partió desde Colombia una delegación integrada por los hermanos Zuleta, el maestro Escalona, Carlos Franco y su conjunto folclórico de Barranquilla, Totó la Momposina, en representación del Caribe. La Negra Grande de Colombia, Leonor González Mina, por el Pacífico; por parte de la región Andina viajaron las danzas del Ingrumá de Riosucio, y de los Llanos Orientales, la música del maestro Quinitiva. Todos representativos de la cultura colombiana,  selección de la antropóloga Gloria Triana, y en el caso de los vallenatos, escogidos por la Cacica Consuelo Araújo. 

Gloria Triana cuenta que el 21 de octubre de 1982, cuando se anunció el Nobel para Gabo, ella se encontraba dirigiendo la Oficina de Festivales y  Folclor en Colcultura, entidad que antecedió al Ministerio de Cultura actual.

“Fue un privilegio y una suerte. Cuando sale publicada la primera entrevista de Gabo, después del anuncio, él dijo que no quería estar solo en Estocolmo, que quería recibir el premio con cumbias y vallenatos”, cuenta Triana, quien se dirigió a Aura Lucía Mera, directora de la entidad, con la pregunta catalizadora de todo el proceso: “¿No crees que nos corresponde? Y ella dijo, claro que nos corresponde”.

Después de trámites administrativos, Triana fue contactando uno a uno a los que harían parte de la delegación.

“Por eso sabe lo que 
te agrada por eso él 
te manda conmigo el 
perfume desconocido que 
tiene un olor a guayaba”.

Lourdes Acosta, exbailarin​a de la Escuela de Carlos Franco.

Este verso de Escalona que se escribió a propósito del nobel de Gabo le recuerda a  Lourdes Acosta, que bailaba en el grupo de Carlos Franco, que la invitación le llegó en un sobre blanco decorado con una mariposa amarilla con la que se  sentenciaba:  “De Aracataca a Estocolmo”.

“Carlos Franco nos reúne y nos dice: ustedes saben que la noticia hoy es el nobel de Gabo, así que les cuento que fuimos seleccionados”, dice Lourdes con una sonrisa amplia rememorando la emoción del momento.

“Eso fue apoteósico”, afirma con la sonoridad de la voz de una cantadora. “En principio nadie sabía quiénes iban a ir, pero Carlos Franco empezó a nombrar, fulana, sutana, mengana y Lourdes Acosta”. La mujer  hace una pausa y dice “¡Dios mío, yo bailo lo que me pongan con tal de ir!”, suelta una carcajada como si apenas le acabaran de decir que iba con Gabo para Estocolmo. 

Mientras en Barranquilla se entregaban sobres con mariposas amarillas, en Talaigua, Bolívar, Totó la Momposina soñó, como presagio de los acontecimientos, que cantaba en un castillo.



“Yo soñé que estaba con mi vestido de cantadora levitando por un castillo grandísimo y que cantaba para ver si la voz se expandía y era bueno el sector para no usar micrófono”, cuenta Totó, quien días después recibió la llamada, al único teléfono que había en Talaigua, “por eso la invitación se hizo pública y se regó por toda la ribera del río Magdalena”, afirma Totó.

De Talaigua a las tierras guajiras de Villanueva, los hermanos Zuleta, infaltables en las parrandas vallenatas de Gabo también recibieron la grata noticia, así lo recuerda Poncho Zuleta.

“Nosotros venimos de un pueblo muy humilde. Fue muy satisfactorio tener el privilegio de viajar por todos esos países europeos. Fue algo novelesco”, sentencia Poncho quien interpretó vallenatos en Estocolmo y tiempo después entonó el tema de Escalona, Vallenato nobel, que en su tercera estrofa evoca la novela Cien años de soledad con la lluvia de mariposas.

También te manda
las mariposas amarillas
de Mauricio Babilonia

El revuelo que causó el nobel y la iniciativa de la delegación cultural movió en distintas direcciones varios sectores del país. Una resistencia por parte de algunos diplomáticos y periodistas que auguraban un ‘fiasco’ en la presentación artística colombiana durante el distinguido evento. Sin embargo, con el aval del presidente Belisario Betancur y el apoyo de Avianca, el 6 de diciembre 1982 las alas del Boeing B747, apodado “el Jumbo”, se remontaron desde las alturas del cielo bogotano con destino a Estocolmo. “Y nos mandaron en el Jumbo. Ese cargaba pa’rriba y pa’bajo con nosotros”, recuerda Pablo López, y señala que la parada antes de Estocolmo fue en el aeropuerto de Barajas en Madrid, España.

“Cuando llegamos a Barajas, a los 20 minutos apareció Gabo que venía  de Cuba y se encontró con nosotros, con Poncho y Emiliano. Ese avión en que él venía estaba cargado de ron y de habanos, ahí ya iba la fiesta en camino”, afirma Pablo con una carcajada. Y enseguida canta otra estrofa: Le mostré la frases tan lindas que escribiste en un papelito pa’ que se dé cuenta Gabito que yo sí tengo quien me escriba...

García Márquez no estuvo solo en Estocolmo, Gloria Triana afirma que él fue la superestrella de ese año.

“La obra completa de Gabo había sido traducida al sueco, era un autor conocido. También se puso liqui-liqui para recibir el premio, en lugar del convencional esmoquin y además llevó una delegación de artistas de su país que impresionó a los suecos”, comenta Gloria Triana.

El Macondo que Gabo dio a conocer al mundo y que llevó a la Academia Sueca se nutría de la cultura Caribe que lo rodeaba. Así lo considera Poncho Zuleta.

“El nobel en la parranda era un tipo afectivo, mamador de gallo, inquieto y preguntón. Él escudriñaba cada canción preguntando sobre la idiosincrasia y la historia detrás de cada letra”, comenta Zuleta, y añade “cuando uno terminaba de cantar, Gabo en seguida preguntaba: Bueno y ¿por qué compusiste este canto? ¿Qué te motivó a hacer esta canción? Era un tipo preocupado por la cultura nuestra”. Por eso Poncho canta este verso que compuso Escalona:

En el nuevo libro de Gabo
dijo que él iba a publicar
que yo me parezco a un gitano
y mi corazón a un imán.

“Llegó gente de todas las partes”, afirma Pablo López, “en eso me encontré con un señor de la Federación de Cafeteros de Colombia, que no tenía boleta, ni estaba invitado y me dijo: ‘¿Cómo hago para entrar, Pablo?’, y yo que le contesto: ‘Agarre la caja, abrácela y no la suelte’”, cuenta López divertido por la ocurrencia.

El “colado” de esa noche fue Carlos Quintero, que viajó de Bruselas, Bélgica, a Estocolmo, sin escatimar gastos para vivir el momento único en la historia colombiana.
“Yo no bailaba, ni tocaba, solo acompañaba la delegación vestido con una camiseta de bailarín de mapalé. Me metí de colado”, asegura Quintero, y agrega que “llevar el trópico hasta el corazón de Estocolmo y al palacio real, eso nunca se había visto”. 

Fue así como después de la ceremonia del Nobel y del discurso que proclamó García Márquez, los invitados y la realeza europea confluyeron en el banquete de celebración. En el Salón Azul del Ayuntamiento la cumbia lo inundó todo.

La cumbia Soledad fue entonada por Totó la Momposina repitiendo, los versos escritos por Walberto Villamil: viejo pueblo Aracata, pedacito de Colombia, tierra donde yo nací, entre rumores de cumbia a quererte yo aprendí. “Fue un momento bello y memorable”, expresa Gloria Triana al recordarlo. Fueron quince minutos en los que desfilaron las expresiones más representativas de Colombia, Macondo bajó por las escaleras del Ayuntamiento. Desde entonces el fenómeno no se ha vuelto a repetir. Gloria Triana dice que fue un éxito y como muestra de ello al día siguiente se leía, en uno de los titulares suecos que más recuerda: “Los amigos de García Márquez nos enseñaron cómo se celebra un Nobel”.

Tú sabes que Estocolmo está lejos, queda muy cerquita del Polo, allá se camina en el hielo que un gitano trajo a Macondo

Al frío invierno de Suecia Totó llegó vestida de talaiguera ‘‘con zapatos destalonados, vestido y suéter’’ porque se le había olvidado el frío que hacía allá. Pablo López dice que al llegar los recibió la ciudad con una temperatura de seis grados bajo cero y al partir dejaron Estocolmo con 19 grados bajo cero.

Los versos de Escalona inspirados en esos mágicos días de Estocolmo volvieron a sonar hace un año, días después de la muerte de Gabriel García Márquez. Pablo López estaba en Bogotá y a las afueras de la Catedral Primada tocó, junto a un grupo vallenato, los temas preferidos de su amigo.

‘‘Tocamos esa que cantan los Zuleta: Gabo te mandó de Estocolmo, un poco de cosas muy lindas, una mariposa amarilla y muchos pescaditos de oro... La plaza estaba llena y había tanta llovizna, que por un momento pensé que eran mariposas amarillas que llegaban del cielo”, dice Pablo López.

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