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Actualizado hace 1 años

Una fusión prometedora

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Por fin pudimos degustar el platillo más innovador que ha servido la ciudad en los últimos tiempos: la fusión entre el recinto ferial del Centro de Eventos y Convenciones Puerta de Oro y la feria gastronómica Sabor Barranquilla. Como es lógico, quienes no aceptaron la invitación a saborear el abrebocas del festín que emprendió una urbe arrepentida de haber dado la espalda al majestuoso Magdalena, no pueden sino hacer eco de lo que vivieron otros; y quienes concurrimos al convite con la idea de explorar y disfrutar de sus ofertas, a manera de comensales satisfechos deberemos evaluar el platillo novedoso, experiencia que, transcurrida, obliga a una reflexión; a una especie de ritual de evocación que en lugar de hacer juicios categóricos propenda a develar lo exquisito y lo imperfecto, lo plausible y lo inaceptable, con el fin de respaldar a Barranquilla en su deseo de recuperar liderazgo. Como parte del proyecto global del CEEC el nuevo recinto ferial acogió la novena versión de Sabor Barranquilla.

Dos enormes retos que requirieron esfuerzos monumentales y que, pese a la evidente improvisación derivada de una obra en construcción, arrojaron resultados positivos. Si bien la apertura del recinto ferial fue apenas el primer paso del gran proyecto que lidera la reinvención de la ciudad, para Sabor Barranquilla significaba grandes mejoras locativas con relación a sus versiones anteriores, sin embargo, el factor tiempo y la adecuación de espacios nuevos pasaron cuenta de cobro. Sin duda los más afectados fueron los eventos académicos castigados por el bullicio imperante en el recinto, cosa que deberá revisarse urgentemente. Otro punto neurálgico fue la plazoleta de comidas, pues la cercanía de las mesas, por ende la dificultad para circular entre ellas, reavivó la sensación de displacer heredada de las versiones anteriores. Es forzoso mencionar la insuficiencia de los equipos de aire acondicionado y la inclemencia del sol en el peatonal de ingreso, aspectos definitivos dado el calor asfixiante de Barranquilla, además, la escasez de parqueaderos. Pero hay que considerar que la feria gastronómica más grande de la región y guardiana del patrimonio culinario del Caribe, también debió reinventarse para adaptarse a un espacio que estaba, por poco, en obra negra. 

Ejemplar es quizá la palabra que resume la gestión de Patricia Maestre –presidenta de la Cruz Roja del Atlántico– y su equipo, quienes además de la vinculación de chefs nacionales e internacionales, restaurantes y expositores, se han puesto como meta enriquecer Sabor Barranquilla con una relevante agenda académica en torno a la cocina tradicional de la región, agenda que ojalá algún día despierte mayor interés entre los asistentes pues en ella reposa la recuperación de nuestra vapuleada identidad Caribe, cosa que es fundamental a la hora de criticar los proyectos que emprende Barranquilla..

berthicaramos@gmail.com

Imagen de adriana.puentes

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