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Columnas de opinión
07 Abril 2016

Un arroz con mango

En uno de los innumerables sitios exóticos que ocultan los rascacielos de Hong Kong saboreé por primera vez el Khao Neeo Mamuang o Sticky rice with mango, un sabroso postre típico de la comida Thai. Es una mezcla de arroz, leche de coco, azúcar, sal, semillas de ajonjolí y mango maduro que me llevó a reflexionar, mientras paladeaba pausada y gozosamente la exuberancia de la nueva experiencia sensorial, en la manera en que el lenguaje registra las particularidades culturales. Mientras en Tailandia un arroz con mango es una muestra de coherencia culinaria, en este lado del mundo significa algo confuso o enredado; y aunque “Esta alocución nominal, que expresa una insólita combinación de elementos, no pertenece a la lengua general”, para gran parte de los latinos la expresión retrata con exactitud situaciones que vivimos cotidianamente.

La marcha del 2 de abril, a mi manera de ver, fue un típico arroz con mango pasional en el cual se combinaron –a juzgar por la serie de pancartas, etiquetas o hashtags utilizados para enmarcar los objetivos de una supuesta protesta popular– las sectarias convicciones propias de la confusión sobre la que está montada la política colombiana. Fue el Centro Democrático bajo el lema #EsHoraDeSalirALaCalle, el que convocara a la marcha que en principio se planteó para rechazar el proceso de negociación de La Habana –“Los comandantes de Farc con sentencias condenatorias ¿por qué siguen en Colombia sin que las autoridades los detengan? #EsHoraDeSalirALaCalle”, trinó José Félix Lafaurie, a la que se incorporó poco a poco, y como siempre, el ingrediente de una patria deshonrada, esa Colombia defectuosa que está en el imaginario colombiano y a la cual, como la puta del paseo, recurre la concupiscencia de una clase política insaciable. “Por la patria, porque queremos una paz verdadera y no unos acuerdos ilegítimos y cargados de impunidad #EsHoraDeSalirALaCalle”, trinó después Daniel Cabrales, senador del Centro Democrático. Para aumentar la motivación no tardó el expresidente Uribe en decir que “la salida a las calles es una necesidad para defender la democracia” y que el objetivo era “un nuevo país”. Mientras tanto, desde el lado del Gobierno se hacían maromas inverosímiles para tratar de esquivar la avalancha de desprestigios que, con sobradas razones, se amontonan sobre él. Sin duda hubo quienes ejercieron el legítimo derecho a protestar con el firme convencimiento de conformar un mejor país; pero causa perplejidad el número de individuos que conforman un ejército de serviles, un puñado de pusilánimes que seducidos por la idea de rescatar una patria que naufraga armaron un verdadero arroz con mango pasional en torno a Santos y Uribe, un par de viejos colegas que comienzan a tantear la gresca que se armará en las elecciones presidenciales 2018. Y todo en nombre de Colombia.

berthicaramos@gmail.com

Imagen de adriana.puentes