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Columnas de opinión
12 Mayo 2016

Sembrar cizaña

No es casual que la cizaña, la matica de difícil exterminio que se reproduce en los sembrados, haya sido la escogida para simbolizar una “cosa que hace daño a otra, maleándola o echándola a perder”. Creo que por gracia de Cristo la mala hierba que abunda en las plantaciones de trigo sirve para designar el talante marrullero, intrigante y desleal que, enclavado en el ADN, es causante de discordias propias de la convivencia. Cizañar es sembrar cizaña; cizañero, quien la siembra. Supongo yo que el buen Jesús, en su inmensa sabiduría, ideó una parábola sencilla para mostrar la propensión de los mortales a generar camorras y enemistades, una característica humana que –como la maleza– está a la vista de todos y supone habilidad para hacer daño mediante dosis continuas de agresión y disociación.

“Sembrar la división y la cizaña es una enfermedad que hay en la Iglesia”, dijo el papa Francisco en una homilía en que mencionaba el papel de Jesús enviado por el Padre a “reconciliar y pacificar”. En dicha homilía Francisco insistió en el deber de preguntarnos “¿Hoy sembré paz o sembré cizaña?”, e invitó a morderse la lengua a todo aquel cuya palabra convoque guerras, a quienes acusó de ser como terroristas que tiran una bomba y se van. Imagino yo que el buen Jesús pudo encontrar en tal parábola una forma de revelarnos cuáles serían los dos bandos que se jugarían la suerte de la humanidad, y, con más de dos mil años de retraso, a lo mejor a los colombianos nos convenga revisar en cuál de los dos estamos.

Presentó Caracol dos entrevistas que giraron en torno a la paz. Podría decirse que en cuanto a la casi inminente firma de la paz, los discursos de Íngrid Betancourt y Álvaro Uribe son los discursos predominantes entre los colombianos; y, si bien las circunstancias personales y los matices ideológicos acercan o alejan a Uribe de Betancourt a la hora de valorar el papel del actual Gobierno en las negociaciones de La Habana, resulta interesante examinar la manera que tienen ambos de abordarlos. Para Uribe, el acuerdo es “impunidad total”; asegura él que Carlos Holmes infiere –deduce–, de conversación con De la Calle, que el Gobierno está muy próximo a aceptar todo lo que piden las Farc, por tal motivo, frente al acuerdo llama a la resistencia civil. “Seguramente nosotros tenemos que preparar una participación de miles de colombianos en documentos, en presencias en las calles. En esa tarea estamos”.

Por su parte Íngrid Betancourt apunta: “Yo no olvido, y el perdón es un largo camino, pero yo sí quiero abrazar”. “Nosotros estamos frente a un proceso de negociación en el que ninguna de las partes lo tiene todo. Si nosotros queremos obtener todo, es la guerra…eso se llama la guerra. Pero en la guerra hemos vivido cien años, entonces sí… hay que tragarnos un sapo”.

Sembrar cizaña o sembrar paz, usted lector, ¿en cuál bando está? Quizá convenga revisar.

berthicaramos@gmail.com

Imagen de Mayra Romero Sayas