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Las ratas y el gato

Columna publicada el 2 de Mayo de 2009, al cumplirse 25 años del asesinato de Rodrigo Lara Bonilla. Repetida hoy, ligeramente editada, con ocasión del nombramiento de su hijo Rodrigo Lara Sánchez como candidato a la Vicepresidencia de Colombia, acompañando a Federico Gutiérrez.

Hace 25 años, luego de que el ministro Rodrigo Lara Bonilla denunciara amenazas contra su vida por parte de una banda de narcotraficantes, un periodista le preguntó si no se escondería, a lo que el ministro respondió con una entereza que presagiaba su vocación de muerto prematuro: "¿Esconderme yo? No, yo soy un ministro, los ministros no se esconden, las que se esconden son las ratas, y las ratas son ellos. Todas las sociedades tienen ratas, pero ellas deben recordar que su lugar está en las alcantarillas".

No alcanzó el ministro a cumplir con su objetivo, pero nos dejó esa valiente y pedagógica respuesta. La muerte de Lara provocó que el presidente Betancur, ante el cadáver de su ministro en la catedral de Neiva, superara sus escrúpulos nacionalistas y aceptara, con la ovación del país, la conveniencia de la extradición. Pero los narcotraficantes de línea dura no se arredraron. Al magnicidio de Lara siguieron otros, hasta llegar al de Luis Carlos Galán, que dio al país la fuerza moral y política que le faltaba para cumplir con el propósito de Lara de poner las ratas en su puesto.

Lo que siguió fue el exterminio, por muerte o extradición, de esa primera generación de capos del narcotráfico, que pretendieron acceder personalmente al poder político y social sin encontrar límite a los objetivos a cuyo servicio pudieran poner el poder económico de sus actividades delictivas. Congreso, clubes sociales, equipos insignia, reinas de belleza, los mejores edificios, nada estaba fuera de sus ambiciones. Fueron castigados no solo y no tanto por la ilegalidad de su negocio, sino por ser ratas con pretensiones de gato.

Medio siglo antes, sir Winston Churchill había respondido a una pregunta sobre la relación del hombre con los animales así: "El gato nos mira de arriba abajo, el perro de abajo a arriba y el cerdo de tú a tú". El gato es un animal arrogante, desdeñoso, que no admite rivales en el afecto y convierte a cualquiera que pretenda ser su amo en su siervo. Su sinuosa figura y su imperioso temperamento exigen sin transacciones el trono del territorio. El gato es el dueño de la sala.

La humanidad ha tenido que convivir con roedores de todas las pelambres desde el principio de los tiempos, pero parece tener una fuerte intolerancia con los que padecen de esquizofrenia felina. Las ratas en la sala están en el lugar equivocado. La mafia en Estados Unidos y en Italia parecería haber aprendido esa lección. Pero en Colombia, aunque una nueva ola de capos de bajo perfil intenta mimetizarse sin protagonismos, día a día se incrementan alarmantes señales de que muchos nunca la aprendieron o han olvidado muy pronto esa sangrienta lección de nuestra historia reciente.

rsilver2@aol.com

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