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Deportes

¿Qué tal si meten a Sherman?

Con la nitidez de Víctor Cantillo, la inspiración de Teófilo Gutiérrez y el acompañamiento de Sebastián Hernández, había luz en la posesión del balón y en la ofensiva. Ahora todo es oscuro.

Junior se ha vuelto un equipo correlón. Más allá de los seis meses de pausa por la pandemia, que indiscutiblemente quitan ritmo,  producen imprecisión y desmejoran el rendimiento físico de cualquiera (más si en la preparación que antecedió la competencia solo se permitieron entrenamientos colectivos en la última semana), la realidad es que en el último tiempo, antes de la emergencia sanitaria, incluso desde el año pasado, el equipo ha perdido el estilo agradable de juego con el cual llegó a la final de la Copa Sudamericana y conquistó el título de la Liga II 2018.

Comesaña se las arregló y jugando de una manera diferente, menos vistosa, eso sí, logró alcanzar el título en el primer semestre del año pasado y llegó a la final del segundo. Plausible y admirable, por supuesto. A pesar de la salida de jugadores vitales en la creación y desequilibrio como Jarlan Barrera y Luis Díaz, y de otros que como Yony González (que sin ser un dechado de virtudes técnicas, rendía y aportaba sus goles) y Fabián Sambueza (que ya había encajado y agarrado el ritmo cuando se marchó), se mantuvo el protagonismo y se lograron muy buenos resultados.   

Sin embargo, la estela que se traía desde 2018 se fue borrando, muchísimo más después de la salida del arquitecto que construía el juego de Junior, Víctor Cantillo.

Con la nitidez de Cantillo, la inspiración de Teófilo Gutiérrez y el acompañamiento de Sebastián Hernández, que ya no está tampoco, había luz en la posesión del balón y la ofensiva, mientras Sebastián Viera, Luis Narváez y Rafael Pérez, que no brillaba en el juego aéreo, pero se hacía respetar en todas por abajo, lideraban con carácter y experiencia una sólida retaguardia a la que Comesaña solía agregarle más soldados.   

Este año llegaron nueve jugadores nuevos, se fueron Hernández, Narváez y Pérez, y Junior no se ha podido reconfigurar con acierto. El equipo estaba en el proceso de ensamble de las recién llegadas piezas cuando se vino el ‘stop’ por el coronavirus y se enredó la misión.

En ese proceso todavía no se asoma un modelo claro de juego. El equipo sigue demasiado crudo y Comesaña insiste en apostar más por el músculo que por las ideas, en que se corra mucho y se piense poco, en una superioridad física y no futbolística, en prescindir del toque y buscar ser más directos y veloces.           

No ha encontrado la manera de compensar la presencia de dos jugadores como Teófilo Gutiérrez y Miguel Borja, con poco sacrificio, dinámica y despliegue físico para contribuir en labores de marca, pero que marcan diferencia en el frente de ataque y deben jugar por su calidad, jerarquía y la alta inversión en ellos.

La velocidad es importante en el fútbol, pero no lo es todo. Correr mucho y pensar poco no sirve de nada. Ya Cantillo no está. No todo puede quedar a expensas de la inspiración de Teófilo o el poder goleador de Borja. Y menos si no tienen buenos socios. Hay que buscar la manera de incluir a Sherman Cárdenas, que se entendía muy bien con Borja en Nacional y que puede ser un idóneo intérprete de Teo.

Otra fórmula distinta a dos hombres abiertos por los costados, que se enfocan más en marcar que en atacar y en las pocas veces que lo hacen, no centran bien, se apresuran o  eligen mal la jugada. Todo lo que genere confusión en el manejo del balón hay que podarlo.

La recuperación de Cristian Higuita, que se la ha pasado más en departamento médico que en la cancha, y la de Larry Vásquez, que todavía no ha podido mostrar la calidad de la que hacía gala en el Tolima, pueden ser otros factores de cambio, pero la entrada de Sherman, ante la total ausencia de ingenio ofensivo, parece más urgente.

Ya han puesto a casi todo el mundo, hasta a Carmelo Valencia de extremo con todo y sus 36 años (el pobre estaba fundido y extraviado ante América). ¿Por qué no a Sherman de alguna manera? Puede ser con línea de tres, el santandereano de enganche y Teo y Borja arriba. ¿Qué tal si lo meten? Para eso lo trajeron, para jugar. Insisto: no todo puede ser correr, correr y correr sin ton ni son. Denle la batuta a Sherman para ver si Junior se afina.

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