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Actualizado hace 2 meses

Pildorillas

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No había alcanzado velocidad de crucero el avión que llevaba al Papa de regreso a Roma cuando ya estábamos volviendo a la cruda realidad en este país del, dicen, Sagrado Corazón. En medio de las interpretaciones que unos y otros hacían de las tan refrescantes como profundas intervenciones y homilías de Francisco, a un par de prestantes damas  se le escaparon unas cuantas “cachacadas” que las autoras no van a poder esconder debajo de ningún disfraz de monocuco o, mucho menos, una máscara de marimonda. Se abona, eso sí, el reconocer la ligereza del comentario. Nunca fue más cierto que uno es esclavo de lo que dice y dueño de lo que calla. Pasada esa página, lo que se ve preocupa. Vamos con las pildorillas: 

De entrada, un casi octogenario senador anuncia que volverá a presentar su nombre a la “voluntad” del electorado (las comillas se explican solas) porque, según dicen dijo, no hay quien lo reemplace. Luego de 5 décadas en el Legislativo, creería uno que tiempo tuvo para proponer lo que sea que quiera proponer ahora. A lo mejor esa clientelista adicción al poder le está cerrando puertas en sus propias huestes a opciones distintas y, sobre todo, más despiertas. Es que eso de dormir en plenaria no cuadra de a mucho.

Por otros lares, en lo que dicen fue un opíparo banquete de comida árabe y arepas antioqueñas, dos viejos conocidos se juntaron a conversar como cuando el primero (el de la comida árabe) era compañero de trabajo del segundo. Casual reunión que se presenta luego de que el radical creador y jefe del partido político del primero decide que “mejor” se presenta a la elección presidencial por firmas, mientras que por el lado del segundo aún no se asoma a quien ungir con la espada. Muchos quieren, pero no lo convencen del todo. En términos futboleros, como es de lógica en este caso, andan buscando quien pique por la punta derecha. Toca seguir el desarrollo de ese partido. De esos partidos, más bien.

Y ya que hablamos de fútbol, por los lados de la izquierda se vive un lío con pinta de berenjenal motivado porque todos dicen que el balón es suyo. Nadie le pone un pase a nadie. Nadie se la suelta al compañero mejor ubicado. De hecho, se marcan entre ellos. Las zancadillas van y vienen. Hasta patadas se dan. Lástima, porque hay quien pueda llevar bien el balón, pero no han querido entender que nadie juega solo.

Y por aquí no pasa nada. La plutocracia está cómodamente instalada y asegurada, discutiendo a su interior quien va a cuidar el feudo. Con muy poca oposición y con mucho menos esfuerzo, levita en las mieles de encuestas amigas. Nada pasa. Ni una brisita que mueva las hojas o que obligue a asegurar la gorra. Nada. Ese marasmo es peor.

Mejor quedarse con el recuerdo de la visita del Papa y la sonrisa de Isabella Suárez, la niña de la Banda de Baranoa que resumió en una sola y mágica palabra lo que se vivió en esos 4 días. Sin dudas, Isabella, que fue una “maravillosería”.

asf1904@yahoo.com
@alfredosabbagh

Imagen de cheyenn.lujan

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