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Columnas de opinión
04 Agosto 2016

Perros, gatos y estrellas

Para ventura de quienes perseguimos el asombro, se anunció que este año las Perseidas llenarán de estrellas fugaces el cielo de agosto. Una ligera perturbación ocurrida al paso del cometa Swift-Tuttle por Júpiter desvió su estela de partículas de polvo acercándolas un poco más a la órbita de la tierra, por lo cual se verán con mayor intensidad en 2016. Una ligera perturbación de dimensiones siderales que nos muestra lo minúsculo del hombre, especialmente cuando tomamos conciencia de que somos nosotros los que, cabalgando sobre el lomo de la tierra en su viaje anual alrededor del sol, atravesamos el espacio donde flota el polvo cósmico. Se anunció también que como preludio de las Perseidas, una riada de estrellas fugaces llamadas las Deltas Acuáridas del Sur ocuparía la esfera celeste la última noche de julio. Entonces, una constelación bastante particular de cuarentonas, cincuentonas y una que otra sesentona, que en un grupo de WhatsApp nos reconocemos como Díscolas y Felices, alistamos los motetes y nos fuimos a esperarlas a orillas del Mar Caribe. Nos subimos a una terraza en la oscura madrugada y allí nos entretuvimos observando un firmamento que lucía indiferente a nuestras expectativas. Sin embargo, la inteligencia del hombre, que ha logrado descifrar esa imperturbabilidad que aparenta el universo, predijo que el acontecimiento astronómico ocurriría de madrugada. Así fue. A las dos de la mañana las Díscolas y Felices renunciamos al mutismo producido por la espera y la incredulidad, y armamos un alboroto ante el asombro de comprobar que el universo sigue moviéndose en consonancia perfecta; entretanto, acá en la tierra, los depositarios de la inteligencia parecemos empeñados en implantar un paradigma colectivo de disonancia.

Tiempo atrás pudiéramos haber dicho que vivimos como perros y gatos, pero hoy, al cabo del exagerado proceso de domesticación por el que han pasado estas especies, sabemos que los conflictos más alarmantes sin duda ocurren entre hombres. Hostilidad, rivalidad, atentados y amenazas, son características infalibles de las relaciones humanas que alcanzan su mayor perfeccionamiento en los círculos de poder, de manera que estas acciones devastadoras acaban por imponerse como modelo de conducta. Para la muestra está el patrón beligerante que imponen los políticos colombianos. Parecería que ser presidente, “Persona que ocupa el puesto más importante dentro de una colectividad”, y llamado a dar ejemplo, se traduce en volverse un camorrista vitalicio. Así que, nosotros, que en el vasto acontecer universal no somos más que moléculas que cabalgan sobre el lomo de la tierra en su viaje alrededor del sol, deberíamos considerar si ser secuaces, acérrimos defensores de la sucias discrepancias que sostienen el Presidente y los expresidentes colombianos, es una opción razonable. Yo prefiero concentrarme en las Perseidas.

berthicaramos@gmail.com

Imagen de adriana.puentes