Columnas de opinión
Actualizado hace 1 años

No sé, Ernesto, no sé

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Te leo

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No sé, Ernesto, no sé. No sé si es que me inquieta el azul del cielo primaveral de Buenos Aires que, como hace cuatro años, hoy contemplo, o si comienzo a vincularme a los nostálgicos que me parecían patéticos hasta hace muy poco tiempo. No sé si haya una existencia alternativa, o si todo cuanto existe es efímera materia o, si existiere un multiverso, alguna forma de vida podría vincularte a él. No sé, Ernesto, no sé; no sé si aquello que llaman tu energía espiritual, lo que se presume queda de quien fuera el director de un periódico de provincia de la América del Sur –un esmirriado rincón de un planeta enlazado a un sistema solar ubicado en una nube interestelar que se halla en una burbuja del brazo de Orión, a 28.000 años luz del centro de la Vía Láctea– sea capaz de percibir lo que ocurre en este mundo desquiciado. Si así fuera, si acaso los que nos dejan pudieran seguir el hilo que tejemos y destejemos quienes quedamos, uno podría imaginar que observadores incansables, como tú, disfrutarían de una especie de dichosa eternidad. Sin embargo, han pasado cuatro años desde el día en que abandonaste la armadura donairosa que amparaba tu talante, y, si existes, si se pudiera decir que una forma de existencia prosigue a la aterradora destrucción de una estirpe celular, yo no estaría muy segura de que quisieras saber lo que pasa por estos lares. No sé, Ernesto, no sé, pero creo que no te haría muy feliz. 

Muchas cosas han pasado desde entonces, y si aún eres el que eras, me pregunto cómo un ente como tú, habituado a examinar los extraños comportamientos de un país tan caprichoso, habrá podido sortear la indignación de ver con qué mezquindad asumimos un proceso que pretende devolvernos la paz a que tiene derecho un ciudadano. Sospecho que ni el regazo de tu chinchorro solferino podría haber sido un paliativo frente a la proclamación de la barbarie colectiva. No sé si hubieras tenido compasión por los malandros contritos que el sistema tiró al monte y hoy quieren reivindicarse, o por la ralea que ocupa los escaños parlamentarios, pero sé que habrías expuesto tu opinión decentemente. 

No sé si hasta el limbo eterno habrá llegado la noticia de que en el mundo se impone la derecha intransigente. Que la nación más poderosa y confusa de la Tierra respaldó abiertamente las propuestas de un mortal como cualquiera, aunque excéntrico y perverso. Que ha propuesto Mr. Trump hacer un vasto parapeto, como la muralla china, para que no se le cuelen los bellacos mexicanos. Que no accederá a que quienes creen en Alá, una figura tan respetable como el Dios de los judíos o los cristianos, pongan un pie sobre su impoluto territorio, que desea preservar la ideología armamentista del lejano oeste y expulsará a 3 millones de inmigrantes indeseables. No sé lo que sentirías si supieras que latinos que ahora son americanos, y aborrecen a los latinos, lo apoyaron. No sé, Ernesto, no sé. 

berthicaramos@gmail.com

Imagen de said.sarquis

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