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Columnas de opinión
21 Abril 2017

¡Nieto!

Podía ser anarquista, contestatario, desafiante, provocador, alegre, vanidoso y brillante. Todo eso junto era Antonio Nieto Güete. Podía ser excéntrico para algunos; intelectual para muchos y un abogado litigante entregado a su oficio, con absoluta pasión, para todos.

Se fue de manera definitiva la semana pasada entre la ironía y el aire de penalista temerario y valiente que siempre lo acompañaba. No era solo un aire. En su trasegar por la vida jurídica enfrentó casos de alto riesgo, pero siempre se mantuvo incólume ante el peligro y las adversidades. Amaba, disfrutaba y se bebía la vida con intensidad sibarita, pero aun así no le tembló el pulso para trabajar duro y defender con ahínco a sus representados. Como cuando en medio del riesgo viajó casi a diario a Cartagena en las más diversas y oscuras horas, en desarrollo de la aguerrida defensa del profesor Alfredo Correa De Andreis, en compañía de Alicia, su fiel secretaria y confidente durante 22 años. En ese caso pudo demostrar que hubo testigos falsos o gemelos, como el los bautizó. Así logró la libertad de Alfredo, asesinado vilmente después. Un viejo Peugeot arañado en los costados, el código penal y sus vastos conocimientos de derecho probatorio eran sus armas de combate.

¿De dónde salió esta particular mezcla que dio de qué hablar en los pasillos del Centro Cívico? Toño Nieto, como lo conocían sus decenas de amigos, entre ellos el célebre grupo Matarratón, había logrado cultivar la lectura y los debates desde las aulas de clase en el colegio con los hermanos cristianos. Luego en Bogotá se encarriló en la Facultad de Derecho la Universidad Libre y después bebió del conocimiento europeo que le transmitió el profesor, arquitecto e investigador español José de Recasens en el Instituto Etnológico Nacional, con quien trabajó un buen tiempo, así que estuvo cerca del proyecto denominado La construcción de una tradición científica en Colombia. 

Fue Auditor de Guerra en Cali y se hizo experto en grafología y en técnicas investigativas. Como juez de Instrucción adelantó casos de corte cinematográficos con buenos resultados para la justicia como el decapitado de Puerto Mocho y El Sádico del Charquito. Fue parte civil en el proceso por el triple asesinato de las Kaled y en el del agua mal tratada por las EPM, que causó la muerte a decenas de niños en Barranquilla, como lo recuerda Jacob González, su asistente legal durante mucho tiempo.

El más reciente caso fue el de la Ciudadela Universitaria, por medio del cual recuperó para la Universidad del Atlántico 200.000 millones de pesos.

Pertenecía a varias tertulias en Barranquilla y fue miembro de la Sociedad Colombiana de Filosofía del Derecho y Filosofía Social. En el Decimosexto Foro Nacional de Filosofía presentó una recordada ponencia denominada El caso Correa De Andreis, un crimen de Estado.

Al lado de los libros y decenas de revistas Toño Nieto llevó siempre la música de sus ancestros sanjacinteros. Añoradas son las fiestas pantagruélicas en su casa de Salgar con Los Gaiteros y Andrés Landeros. Gaitas, antorchas y el mar al fondo.  

Bueno viejo Toño, lo lamento, se me acabó el espacio y todavía tengo mucho que decir de ti.

mendietahumberto@gmail.com

Imagen de cheyenn.lujan