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Opinión

Otra manera de influir

Esta columna que hoy escribo, la escribo con orgullo, con satisfacción y con la profunda ilusión de que quien la llegue a leer, se pueda sentir motivado a cambiar la vida de al menos una persona, y de intentar transformar el mundo en el que nos ha tocado vivir.

Para quienes no lo saben, desde hace cuatro años me he dedicado a crear contenido digital para redes sociales. No comenzó como un proyecto trazado, sino que fue algo que se fue desarrollando día a día. Haber sido Reina del Carnaval de Barranquilla me dio mi primer empujón, pero poco a poco empecé a construir mi propio camino. Equivocándome, por supuesto, pero a la vez, encontrando mi vocación de vida.

Entendí desde muy temprano que no quería ser una ‘influenciadora’ de belleza, de moda, de ‘lifestyle’ o de ‘fitness’, como las tyyque veía a diario en internet. Pero no porque piense que su trabajo no sea meritorio (sí, dije trabajo, porque crear contenido es un trabajo que requiere de constancia), sino porque además de sentir que no tenía mucho talento para eso de jugar a ser mi propia estilista, ni me caracterizaba por ser la más hermosa del mundo, sentía que, si iba a tener una voz, debía utilizarla para hacer un contenido que pudiera ayudar a cambiarle la cara al mundo.

En mis redes no quería más de lo mismo que veía siempre. No quería que quien entrara encontrara sexo, belleza y ‘perfección’. Yo quería mostrar valores de familia, la autenticidad de nuestras costumbres costeñas y el amor propio que tanto me costó llegar a tener.

Poco a poco fuimos construyendo esto. Y digo ‘fuimos’ porque no lo hice sola. Mi familia, con su particular dinámica, me ayudó a fortalecer el mensaje que quería enviar, y, con mucho esfuerzo, empezamos a crear un contenido de entretenimiento que inspirara positivismo. Pero, más temprano que tarde, realizamos que esto podía ser todavía más grande.

Iniciamos sin proponérnoslo a mostrar los talentos de nuestra familia extendida: los gerentes de nuestro hogar. Era importante para nosotros que todos pudieran tener una voz y que todos pudieran cumplir los sueños guardados en el baúl de los recuerdos. Así que iniciamos un recorrido en el que lo importante fuese utilizar nuestro modesto ‘poder de influencia’, para cambiarle las vidas a los que nos rodean, para que ellos pudieran mostrar su arte, para que ellos pudiesen tener influencia, y no para ser un simple canal de comerciales de productos.

Sin embargo, cuando comenzó la cuarentena, mi hermano menor Camilo, a quien muchos conocen como ‘El Camus’, me dijo: “hay que ir más allá.”, y fue ahí dónde tomó la decisión de que todos comenzáramos a llevar esto a otro nivel, uno en el que pudiéramos convertirnos en verdaderos agentes de cambio.

Se fue a vivir un mes a una casa en el barrio Ciudadela 20 de Julio de Barranquilla, se despojó de todo para irse a vivir al hogar de una familia de muchos valores, y de muchas necesidades, para poder transformarles la vida. Y realmente lo hizo.

En menos de una semana, Camilo utilizó su poder de influencia para conseguir pagar las deudas de la familia, amoblarles la casa que no tenía nada dentro cuando él llegó, a enseñarles cómo utilizar las redes para mostrar sus talentos (y eventualmente, poder generar ingresos económicos), y, genuinamente, para alegrarles la vida.

Ahora los Escorcia, a quienes invito a seguir en Instagram @losescows, tienen una labor: utilizar su nuevo poder en redes para cambiarle la vida a alguien más, y así empezar a hacer un movimiento que pueda ayudar a transformar la sociedad.

Porque esto es una nueva manera de influir. Porque para esto debemos utilizar las redes. Porque queremos un mundo con ‘influencers’ que cambien vidas.

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