El titulo es:No hay mal que dure

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Columnas de opinión
Actualizado hace 2 meses

No hay mal que dure

Mi miedo más grande es no saber ser lo suficientemente fuerte cuando verdaderamente me toque serlo. Al igual que le sucede a muchos, mi mayor temor es no saber qué va a pasar en el futuro, no saber si los buenos momentos son la calma antes de la tormenta y no saber si uno podrá soportar lo que uno considera insoportable. Y sí, la mayoría me dirán que viva en el presente y que no me preocupe por lo que no ha llegado, pero la verdad es que a mí sí me desvela saber que nada es seguro en esta vida. 

No tengo hijos, solo tengo una sobrina, pero ya me parezco a mi mamá cuando yo era chiquita. No sé si es que eso viene con la edad, pero de repente me veo almacenando historias como si eso hiciera que ya no te pasara. Que al hijo de ‘nosequiencito’ le pasó tal cosa por andar jugando con una bolita, que al hermano de tal le pasó tal otra por andar montando una ‘cuatrimoto’, que al otro le dio una enfermedad por viajar a tal parte y que el matrimonio de estos se dañó por andar trabajando tanto. 

Y a todos, unos más que a otros, nos genera incertidumbre el destino. Tal vez por eso hay quienes acuden a ir donde videntes a que les lean las cartas, buscan antídotos contra el ‘mal de ojo’ y rezan el Padre Nuestro cada mañana y antes de dormir. Tal vez es por eso que hay quienes buscamos el consuelo en la religión, sea cual sea, o se aferra a hacer todo para obtener ‘buen karma’. Tal vez por eso es que hay quienes nos damos la bendición antes de montarnos a un avión, cuando pasamos por una iglesia o por un cementerio. Tal vez es por esto que tantos repetimos las historias de las tragedias para ver si de algo nos salvamos.  

¿De dónde es que el ser humano saca esa fortaleza? ¿Cómo es que sigue andando a pesar de ser víctima de verdaderas tormentas? ¿Cómo se recupera después de la muerte de un ser querido? ¿Cómo sale adelante? ¿Cómo es que sigue creyendo? Creo que la única explicación es la esperanza. Tenemos fuerza siempre y cuando tengamos esperanza. Esperanza de que el mal momento pasará, de que de aquella tristeza solo quedará el recuerdo y de que vendrá un mejor porvenir. Creemos que ‘todo pasa por algo’ y nos aferramos a la esperanza de que ese ‘algo’ sea un mejor desenlace. 

Así que es por eso que ahora antes de dormir, no le pido a Dios que todo siga igual, pues sé que es inevitable que vengan tristezas en mi porvenir, sino que le pido que me dé esperanza. Que cuando todo sea gris, yo logre ver la luz. Que cuando quiera desfallecer, yo aún pueda sentir que tengo razones para seguir. Que cuando nada me salga bien, recuerde que en cualquier momento, incluso si este se demora en llegar, todo puede volver a dar la vuelta. 

Porque no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. 

 

Imagen de jesika.millano
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