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Actualizado hace 9 meses

A lo hecho, pecho

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Pueda que llueva, pueda que no, no me importa… Si realmente diluvia eso está bien, porque la gente se dará cuenta de que mi pelo es real”. Esta frase de Donald Trump provocó risas durante la cena en su honor previa a la toma de posesión, sin embargo, ella podría encerrar una realidad bastante perturbadora. Dicen por ahí que no hay nada más serio que los chistes, esas expresiones breves que, en ocasiones, desnudan verdades tan inquietantes que optamos por considerarlas como bromas. En los chistes las palabras se instalan simbólicamente, y –en un Trump próximo a ser el gobernante más poderoso del planeta– quizá la curiosa frase no hizo más que revelar lo mucho que hay de real en un hombre que figuraba como una especie de fanfarrón tan prepotente como ficticio. De manera que, tal vez el recóndito Trump del que poco conocemos enmascaró en el áureo pelo los siniestros atributos que le endilgan (basta hacer el ejercicio): “la gente se dará cuenta de que mi xenofobia (o ignorancia, misoginia, absolutismo, intemperancia, o vanidad) es real”. A pocos días de haber tomado posesión como presidente de los Estados Unidos sus refutadas posiciones son coherentes con las medidas que ha tomado, y frente a tales circunstancias, el mundo está horrorizado. Lo que parecía improbable es hoy una realidad legitimada por los principios que rigen la democracia, a la que toca hacerle frente con cojones. Como dice el refrán, “A lo hecho, pecho”. Entre otras cosas porque a una nación le asiste el derecho de pensar primero en sí misma, tal como un categórico Trump no tardó en afirmarlo: “A partir de hoy va a ser solo Estados Unidos”. Sus intenciones parecen claras. A menos que –como sucedió con nuestro Santos, el Juan Manuel original que llegó a la Presidencia enfundado en unas ideas a la postre oportunistas– en algún momento Trump comience a tomar distancia de su discurso, así como de la sarta de fanáticos que lo hicieron presidente, muy pronto se sentirán los efectos de haberle dado poder a uno más de los adictos al poder que hoy se toman el poder. “La gente se dará cuenta de que mi antipatía es real”, pudo haber sentido Trump con respecto a los hispanos, mientras hablaba jocosamente de su pelo. No dejo de imaginar si a los hispanos que lo eligieron les habrá causado mella que sacaran de internet la versión en español de la página web de la Casa Blanca. No lo creo. A juzgar por la pasión con que apoyaron a un candidato racista, algunos ya no precisan del español ni se sienten representantes de esa plaga proveniente de la América Latina. No obstante, hoy que la idea de deportar a millones de inmigrantes ilegales adquiere matices resplandecientes, y que Trump se reafirma en su intención de levantar un paredón para atajar a los tercos mejicanos, la cháchara de campaña se torna amenazadora. Ni modos, a lo hecho, pecho. Ese es el costo de elegir a los autócratas.

berthicaramos@gmail.com 

Imagen de adriana.puentes

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