Columnas de opinión
Actualizado hace 1 años

Las idiotas útiles

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Te leo

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Un hombre sin ideas propias es un mediocre. Mi papá fue un soñador que le apostó a la libertad, y, aparte del yugo amoroso que llevó gustosamente a lo largo de la vida, y de la diaria esclavitud que conlleva sostener una familia, trató de no estar sujeto a nada que contrariara las ideas que había hecho suyas después de mucho rumiar. Crecí oyéndolo llamar “idiotas útiles” a los grupos de personas que incapaces de producir ideas propias, acaban por reducir su existencia al cumplimiento de propósitos ajenos. Aquellos que según José Ingenieros (El hombre mediocre, 1913) “ignoran el placer de exclamar “yo soy”, frente a los demás. No existen solos. Su amorfa estructura los obliga a borrarse en una raza, en un pueblo, en un partido, en una secta, en una bandería: siempre a embadurnarse de otros.” Mi papá fue un libertario que se esforzó en enseñarnos que por encima de las doctrinas, las religiones y las modas que se imponen en la sociedad hay que saber actuar con criterio propio, cosa que difícilmente se consigue a través de los saberes habituales que propone la cultura. Es un aprendizaje autodidacta que más allá de intelectualismos exige grandes dosis de ética e intuición. La peligrosa mediocridad es el hábitat natural del hombre incapaz que se acoge a las ideas de otro que está dispuesto a capitalizar el malestar que tal mediocridad produce, poniéndolo a su servicio; y, por desgracia, parecería que la humanidad se sirve cada día más de esa especie de rebaños dispuestos a defender algunas veces las delirantes ideas que otros producen: los idiotas útiles. Por eso es tan importante estar alerta.

Mediante el enfoque de género incluido en días pasados en las negociaciones del proceso de paz, se pretende reconocer a las mujeres un papel sobresaliente en la construcción de la Colombia del futuro. Mientras Humberto de la Calle dijo que “La antorcha de la reconciliación reposará en las mujeres de Colombia”, alias Iván Márquez sostuvo que “La paz de Colombia debe tener rostro de mujer.” Ajá, ¿y de cuándo acá el país toma conciencia de la discriminación y la carga dolorosa a que ha estado sometida la mujer en medio del conflicto armado? La pregunta es solo una forma de evitar tragarse entero el platillo que sirvieron en la mesa de negociaciones. Porque el deber de una mujer con ideas propias es sentarse a masticar lo que le ofrecen, como también lo es examinar cuidadosamente la razón para incorporarse a la gran comunidad que arremete contra las causas movida por las emociones. Romper la opresión machista sin dejarse engatusar por extremismos feministas. No tragar entero. Considerar cuales son las opciones lógicas para equilibrar la balanza que la exclusión y la estigmatización han mantenido inclinada en su contra. Pasar de idiotas útiles a listas inútiles no es el cambio. En momentos decisivos para el país hay que ser listas y útiles. 

berthicaramos@gmail.com

Imagen de adriana.puentes

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