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Columnas de opinión
31 Marzo 2016

La posdata

El periódico sueco Göteborgs-Posten publicó el 28 de marzo la noticia de la desaparición de Julia Wendt, una joven de 22 años que tuvo la obstinación de viajar a Medellín, Colombia. “Medellín no es una ciudad bonita y le rogamos no viajar allí”, dijo Lena, la madre de Wendt al diario Göteborgs-Posten mientras relataba con mucha preocupación el recorrido de su hija desde Ecuador hasta Medellín, lugar al que llegó el 3 de marzo a estudiar español y donde se perdió su rastro desde el día 19. Sin embargo, al día siguiente de publicada la noticia que desempolvaba la mala reputación que se cierne sobre Colombia, la prensa confirmaría la aparición de Julia Wendt en una finca de Cartago, Valle. En sus declaraciones, y luego de afirmar que se encontraba incomunicada y algo enferma en medio de un retiro de yoga y meditación, ella agregaría: “Me encanta Colombia, la gente ha sido maravillosa y me han tratado bien, recibí buena atención médica, es un país increíble”. Pues bien, ya reapareció la chica; esos fueron el principio y el final de una noticia que en solo 24 horas desencadenó una multitud de disonantes opiniones que mostraron lo mucho que desconfiamos los colombianos unos de otros. 

Posdata: Cómo recuerdo aquellos tiempos de la infancia en que, una vez finalizadas las visitas familiares, mis tías tenían la costumbre de pararse al pie del carro tratando de rematar las fascinantes tertulias que durante varias horas solían tener en la terraza. Cómo recuerdo a mi padre que al volante de su automóvil hacía rugir el motor diciendo constantemente “La posdata es más larga que la carta” en su intento de acabar el parloteo y largarse para su casa. Aunque entonces esa frase era un misterio por develar, sin duda ella fue esencial para ayudarme a descubrir que en la posdata –o aquello que se añade a algo concluido– puede estar el ingrediente más suculento de una historia. 

Acerca de lo sucedido con Julia Wendt, un tal Tim Harris opinó en el diario Göteborgs-Posten: “Estoy en desacuerdo con la madre en lo que respecta a Medellín. Es un lugar increíblemente hermoso para visitar. Es una ciudad increíblemente hospitalaria, vibrante, llena de gente trabajadora”. Entre tanto, un anónimo criollo fatalista afirmó en El Colombiano: “No debe estar desaparecida. Lo más seguro es que está retenida en las montañas de Colombia so pena de cualquier cosa si no pagan por su detención”. Es común que en los foros de discusión que abundan en internet se manifiesten el escepticismo y la violencia que caracterizan a generaciones de colombianos que crecieron con la idea de que somos un país de individuos capaces de cualquier cosa. Como diría mi papá, la posdata ya es más larga que la carta, aunque quizá se reduce a una pregunta que insiste: ¿Será que a los colombianos nos ganó la partida el pesimismo y comenzamos a aceptarnos de manera natural como proclives al mal?

berthicaramos@gmail.com

Imagen de JoshMattar
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