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Columnas de opinión
06 Abril 2017

La marcha del miedo

Mientras la reunión de los notables que velan por la implementación de los Acuerdos de Paz, entre ellos el ex presidente de Uruguay José Mujica, pasó casi inadvertida, los colombianos, por el contrario, estuvieron ocupados en seguir el desarrollo de la marcha convocada por el Centro Democrático. Eso indica que Colombia sigue estando más interesada en protestas que profundizan la incertidumbre, que en construir la paz estable y duradera necesaria para sacar a este país del atolladero. Porque, si bien es cierto que la corrupción, la democracia vulnerada, la Constitución vilipendiada y las tantas otras consignas que sirvieron para enmarcar dicha protesta conforman nuestra realidad, es indiscutible que el fin último de la marcha era asestarle un trancazo definitivo al desprestigiado gobierno de Santos, y con ello poner a tambalear el futuro de los Acuerdos de Paz. 

Deslegitimar una reunión de carácter internacional convocada por el Gobierno para consolidar la paz, utilizando como evidencia a un pueblo que marcha indignado en contra de ese gobierno, es una estrategia bastante efectiva. Y, como era de esperarse, la maniobra volvió a estructurarse en torno al miedo. Al anacrónico miedo al socialismo, al castrochavismo y a la dictadura comunista de Santos (un capitalista por excelencia), que movió a quienes optaron por el ‘No’ en el plebiscito; el miedo a las nuevas cargas tributarias, a la desaceleración de la economía, al incremento de la tasa de desempleo o a la persecución a la oposición. Miedos que para los colombianos son ancestrales, aunque sean reincorporados a un futuro amenazador cada vez que se precisa aglutinar a las masas alrededor de un proyecto político. Es la forma de propagar la “angustia por un riesgo o daño real o imaginario”, de infectar con el miedo que paraliza. El miedo que induce a acogerse a quien quiera que se ofrezca como salvador en un país que se anuncia ad portas de una era apocalíptica. 

Y claro, se recurrió a la fantasía que guarda secretamente todo hombre de ser héroe, para alentar a la hazaña de salvar la patria. Como era de suponer, algunas iglesias cristianas –cuya retórica incluye el miedo a la abrasadora paila infernal– se sumaron a la causa, de manera que, el pueblo esquizofrénico –como lo llamara Pepe Mujica– ante la posibilidad de que el ‘No’ a los acuerdos de paz triunfara en el plebiscito salió expedito a marchar. “Confíen. Confíen en nosotros, vamos todos juntos, todos los del No… salgamos juntos y demostremos que Santos se va”, insistía la representante Cabal en un video del CD; no obstante, al cabo de tres días fueron condenados los militares implicados en los casos de falsos positivos, todo ello ocurrido entre 2007 y 2008 durante el gobierno de Uribe, del cual Santos era entonces ministro de Defensa. Pocas horas después Diego Palacios admite que compró la reelección de Uribe. ¿Confíen… confíen…? ¡Mamola!

berthicaramos@gmail.com

Imagen de adriana.puentes