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Opinión

Tejer la nueva sociedad

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda, dice el refrán popular, atribuido al fabulista griego Esopo en el siglo VII antes de Cristo, utilizado a nivel universal como una afirmación que se opone a la posibilidad de las personas para cambiar sus patrones de comportamiento, su apariencia, su ausencia de belleza o elegancia. 

Lo cierto es que una mona vestida con seda no es cualquier mona. Será siempre una mona fina, exquisita y de gusto elegante, si aprende a no deshacerse o destruir el alto valor que lleva en su piel.

La industria textil combina el arte, la ciencia, la tecnología, las tradiciones culturales y la moda, para producir telas que cubren la desnudez, vistiendo de múltiples formas, otorgándoles diversas apariencias a las personas, dándole un sentido a la estética que fusiona la ética colectiva, con las costumbres de una época que trasciende o se queda en el olvido. 

Cuando una tela impacta las tradiciones de un pueblo se vuelve un elemento esencial de su identidad. Es fácil distinguir el origen de alguien por su forma de vestir. Vestirse no es sólo un asunto de imagen o apariencia, es un patrón de comportamiento que proyecta lo que somos, lo que pensamos, lo que sentimos y lo que tenemos. 

En días tan convulsionados como los que vivimos, la tela que nos describe no alcanza para vestirnos a todos como merecemos, porque han paralizado sin explicación racional la producción de bienes morales y servicios sociales, distribuidos de tal forma que la inequidad, la exclusión, la desigualdad y la indiferencia, siguen siendo productos de nuestro tejido social.

Urge repensar, reimaginar y proponer alternativas desde la educación, las expresiones artísticas, la formación ética y religiosa, las políticas públicas y sobre todo las ideas de nuestros líderes, sobre cómo nos vestiremos, una vez dejemos el tapabocas, (que muchos se quitan para gritar sus altos niveles de indignación) impuesto por una contingencia que cambió la forma de entender la vida en nuestra generación. ¿Cómo se vestirá la nueva sociedad? ¿Cuáles serán los modelos que impondrán la tendencia comúnmente aceptada? ¿Será posible renovar las tradiciones construyendo una nueva cultura moral, social y política?

Los valores son el producto elaborado por la infraestructura moral de una sociedad. A partir de allí, la fortaleza de un pueblo se convierte en el espíritu de la unidad. La unión no hace la fuerza, la fuerza es la unión, capaz de vincular para cambiar el entorno, mejorar el contexto, incluir sin excluir, a partir del reconocimiento del otro, mediante la escucha de sus reclamos y el encuentro desde las diferencias.

Sólo a través del diálogo, la convivencia pacífica, el esfuerzo compartido, las ideas comunes, la reconciliación, valorando el respeto de la diversidad y la pluralidad de opiniones, puede Colombia encontrar la prosperidad y el desarrollo como una sociedad que ofrezca oportunidades para sus miembros. Así la violencia será una excepcionalidad condenada al olvido, demostrando que podemos cambiar con amor colombiano la nueva seda del tejido social. 

juliocesarhenriquezt@gmail.com

 

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