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Opinión

La vida es un ratico

La vida es un ratico, pásenla bien”, repetía una y otra vez un joven vendedor de mangos en una playa de Santa Marta, mientras yo estaba estremecido: un amigo me había escrito unos minutos antes un mensaje donde me informaba que había fallecido Magda Ospina, como consecuencia de una gripa que se complicó.

Magda era una joven admirable. Cuando estudió Psicología en la Universidad del Norte obtuvo los mejores reconocimientos por su calidad humana y su rendimiento intelectual. Actualmente, estaba terminando de cursar su doctorado en Comunicación Social.

Hacía muy pocos días había tenido una reunión con ella, que estaba muy feliz. Llegaba de su pasantía doctoral en la Universidad de Ohio y nos sentamos a planear lo que faltaba de su tesis. Acordamos que en junio presentaría su trabajo y me habló de una serie de emprendimientos que tenía planeado realizar.

Su temprana muerte tiró por la borda todos esos sueños, y deja sumidos en el dolor especialmente a su esposo que tanto la quería y a sus pequeñas hijas.

La mayoría de los seres humanos le tenemos gran temor a la muerte y, como señaló Steven Job, ni los que creen que después de esta vida hay otra se quieren morir.

Debo confesar que desde que leí el libro El gen egoísta cambió mi perspectiva sobre la muerte, y de alguna manera creo en la inmortalidad. Lo que se muere es el cuerpo, pues mis genes fueron depositados en mis hijos, y mis nietos también tienen mis genes, que eran de mis padres. Y así con el gen –mientras siga siendo trasferido a otras generaciones–, de alguna manera seguiré viviendo en mi descendencia.

Aunque todos sabemos que nos vamos a morir, la muerte de una persona cercana cambia radicalmente el sentido cotidiano que esa persona imprimía en nuestra vida. De los sobrevivientes, sobre todo cuando es la pareja quien parte, la otra debe imprimir un sentido nuevo a su vida.

Mientras vivamos, siempre estamos intentando algo, siempre queremos levantarnos a más altura. Muchas veces la vida nos golpea y tratamos de seguir levantándonos, pero la muerte es el más grave de los golpes, como el nocaut en el boxeo: se acaba nuestra pelea por la vida.

Es tal nuestro deseo de vivir que muchos científicos del mundo trabajan para ampliar la vida de los seres humanos tanto como sea posible; entre ellos el Proyecto Calico de Google, que pretende mejorar al humano hasta trascender los límites biológicos, lo que algunos conciben como la idea más peligrosa del mundo. Pero en realidad, salvo personas con problemas emocionales, nadie quiere morirse o todos le tenemos miedo a la muerte, aunque todos estamos diseñados para que así sea.

Con alguna frecuencia mi cuñado Gilberto –que con los años se ha vuelto más sabio–, me repite que en la vida no triunfa el que acumula más dinero, ni el que concentra más poder. El verdadero triunfo en la vida es vivir el mayor tiempo posible y con la mejor salud. Todo lo otro se esfuma con nuestra muerte.

Cierro esta columna recordando a Magda, y repitiendo el pregón del joven vendedor de mangos: “La vida es un ratico, pásela bien”.

joseamaramar@yahoo.com

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