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Opinión

Doña Empera y el gral.

El jueves, muy temprano, un amigo me llamó al celular. La verdad me asusté porque escasamente eran las seis de la mañana.

“¿Adivina dónde estoy y a quiénes tengo en frente?”, me preguntó, con tono exaltado. “Pues al general Mendieta y a doña Emperatriz, la mamá del capitán Guevara. ¿Te acuerdas de ellos?”, agregó. 

Mi amigo me recordó que ese jueves, 1 de noviembre, se conmemoraban “20 años de la toma de las Farc a Mitú” y que doña Emperatriz y mi general Mendieta iban a viajar a esa ciudad a un acto en memoria de las víctimas. “¿Toma de las Farc a Mitú o masacre de las Farc en Mitú?”, le pregunté, un poco molesto. En todo caso le pedí que hablara con mi general Mendieta y con doña Emperatriz para escribir mi columna del sábado. 

Esta es la historia.

El 1 de noviembre de 1998, pasadas las cuatro de la mañana, unos 1.500 terroristas de las Farc atacaron la población de Mitú, capital del departamento de Vaupés.

Los autoproclamados guerrilleros (terroristas, en realidad) se saciaron contra el Comando de la Policía de esa remota población. El puesto estaba al mando del coronel Luis Mendieta, el héroe con el que mi amigo se encontró el jueves.

Junto a Mendieta, otros 60 uniformados fueron secuestrados. Mendieta es el padre de Jenny y José Luis y el esposo de doña María Teresa Paredes. El coronel, que en cautiverio llegó hasta el grado de general, estuvo 12 años secuestrado por los de ‘Timochenko’, Iván Márquez, ‘el Paisa’, Catatumbo, Joaquín Gómez, Alape y mil etcéteras más.

Fueron 12 años de infamia. A todos los secuestrados los mantenían amarrados con cadenas. La comida era muy escasa. Muchas veces, durante la noche, como estaban amarrados, no podían hacer sus necesidades fisiológicas en libertad sino en sus ropas. Los terroristas los humillaban constantemente. Cantidad de veces los ponían a caminar 18 y más horas. Los encerraban en jaulas de las que, desde luego, no podían salir. 

De vez en cuando, los secuestrados recibían una visita muy agradable: la de ‘el Mono Jojoy’, el terrorista de las Farc que fue dado de baja en 2010.

‘Jojoy’ los visitaba para enrostrarles su poder, para regañarlos y para decirles que de allí nunca saldrían.

Dos de los compañeros de Mendieta fueron bien particulares por la forma en que murieron. Uno de ellos, el capitán Julián Ernesto Guevara, es el hijo de doña Emperatriz. Hacia 2005, según los relatos de sus compañeros de cautiverio, Julián Ernesto empezó a enfermar. Se mantenía a toda hora con tos. No era capaz de caminar. No quería comer. Se mantenía llorando. Solo se animaba un poco cuando hablaba de su familia. Una mañana de finales de enero de 2006, sus compañeros de secuestro (policías y militares) notaron que no se había levantado. Había muerto durante la noche, amarrado como un animal.

El otro compañero de mi general Mendieta fue el cabo Luis Hernando Peña. Durante el encierro, Peña perdió la cordura y enloqueció. Entonces las Farc, para quitarse de encima el problema del loquito, optaron por una solución “bastante salomónica”: lo asesinaron.

Tanto mi general Mendieta como doña Emperatriz gozan de la admiración de todos los colombianos por la dignidad con que afrontaron su tragedia. Los autores de dicha tragedia fueron perdonados por Juan Manuel Santos y hoy, en vez de estar en la cárcel, despachan desde el Congreso.

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