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Opinión

Las malas compañías en las Farc

Mientras sectores de la derecha colombiana califican las eternas luchas intestinas de la izquierda como “necrofilia ideológica”, necesitada de las armas para sobrevivir, el partido de la Farc –Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común– comienza a señalar culpas y errores por sus actuales crisis.

Y es que las antiguas Farc cambiaron su frente de guerra. Ya no es en el monte contra el Ejército colombiano o los paramilitares. Ahora es la aguda pelea interna a partir de la detención de Jesús Santrich y la investigación penal por narcotráfico que afecta indirectamente al proceso de paz. El poder envilece, y más cuando los cuadros de la lucha armada se aburguesan, dicen los camaradas fundamentalistas. Ahora no se puede decir que la polarización es solo del uribismo contra un sector de colombianos, sino de Timochenko contra Iván Márquez.

Las diferencias comenzaron con la concepción que cada uno de ellos tenía o tiene sobre la paz. Iván Márquez –tío de Marlon Marín, el delator en el caso Santrich–, se había opuesto al proceso de paz con Santos. Lo hizo con la autoridad de ser miembro del Secretariado y ante la muerte del entonces jefe de esa guerrilla, Alfonso Cano. Fue por eso que Timochenko encargó a Márquez liderar los diálogos de La Habana en noviembre de 2012. Lo hizo como una estrategia para que el mismo Márquez se convenciera del proceso, ya que era renuente a los diálogos argumentando que las Farc estaban cediendo mucho terreno en la etapa preliminar de las conversaciones en la capital cubana.

Se sabe que Márquez, con seguidores propios en las columnas de las Farc, intentó desacreditar el proceso de paz hasta que ya inmerso en la negociación se vinculó de lleno, aun con sus prevenciones. Ahora, dado el caso Santrich y la actuación de Marín, Márquez remata diciendo que “entregar las armas fue una equivocación”. Timochenko, por su parte, se ha mantenido: “Actitudes y comportamientos como esos apuntan a pisotear eso que para los revolucionarios, incluso para cualquier ser humano que tenga un elevado sentido de su integridad, es algo sagrado. La autoridad moral del partido”

Por encima de esas diferencias ideológicas internas entre Timochenko y Márquez hay un aspecto importante que desdice de las actuaciones del segundo de ellos. Introducir a Marlon Marín como hombre de confianza de las cabezas de los exguerrilleros, con una trayectoria nada santa, fue un craso error de su amantísimo tío. Los frutos de esa relación los están recogiendo ahora y probablemente ese era el camino que merecían por su histórico vínculo con el narcotráfico, una actividad que ha sumido al país en una gran crisis moral y de descredito mundial. Vidas y honras se han pagado por las drogas colombianas.

Cierto o no, el caso Santrich por razones de la fecha en las que se cometió el delito, está planteado. Y más que eso, con el riesgo para ellos de que uno de sus negociadores y exlíderes sea condenado por narcotraficante. No es solo un asunto de pruebas y procedimiento penal.     

mendietahumberto@gmail.com

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