El Heraldo
Opinión

El caso del locutor: una tragedia diaria

Implica transformaciones en el imaginario colectivo acerca de cómo deben ser las relaciones de hombres y mujeres en un plano de igualdad y respeto.

Enorme indignación ciudadana ha causado la golpiza de un locutor a una mujer en Soledad. Y la explicación no es solo la violencia empleada, sino el hecho de que la virtualidad no está dejando en el anonimato este tipo de episodios brutales.

Hoy las cámaras  y los celulares no permiten que estos repulsivos sucesos queden sin divulgación. Los victimarios no pueden escapar a la censura social.

Estas agresiones contra mujeres son impulsadas con frecuencia por la celotipia, que, en los eventos más trágicos, deriva en crímenes pasionales, una modalidad de homicidio de la que está plagada la estadística criminal en Colombia y el mundo.

La ficción literaria también está llena de estos relatos. En Borges, por ejemplo, siempre me ha impresionado ‘La intrusa’, una mujer compartida por dos hermanos, quienes terminan asesinándola, llorándola y sepultándola porque los celos crecientes entre ellos ponían en riesgo su convivencia. Sábato en ‘El túnel’ expone la alucinante historia de un pintor atormentado que elimina por celos a la mujer de sus obsesiones.

Golpear o matar por celos originados en una infidelidad presunta o demostrada, es el peor desenlace que puede producirse en la relación amorosa de un hombre y una mujer.

“Porque te quiero te aporreo” era un adagio que, en tiempos lejanos, justificaba los golpes a las mujeres. ¿Cuántas fueron vapuleadas por sus maridos, sin ninguna resistencia y con total resignación, mientras predominó esta absurda idea en el imaginario social? Sucedía en muchas casas, pero no había castigo cuando la mujer mostraba la boca rota o un ojo morado. Hoy los ataques contra las  mujeres dejaron de ser un asunto privado. Pasaron a ocupar un espacio en los medios de comunicación y en las redes sociales y a ganar la atención de los despachos judiciales.  

Lo del locutor se inscribe en un contexto de violencia desbordada. De hecho, en el mapa de delitos en Barranquilla y el Atlántico se observa que las lesiones personales y la violencia intrafamiliar, asociadas a eventos de diversa índole, tienen un peso muy significativo. 

La propensión a resolver a golpes, a tiros o a cuchillo las contradicciones en las comunidades y en las familias, revela nuestra incapacidad para tratar racionalmente los problemas. Casos como el del locutor no se corrigen solo con drásticas medidas penales o con tratamientos psicológicos y psiquiátricos. Y este señor, al parecer, necesita uno con urgencia. El meollo del asunto es cultural. E implica transformaciones en el imaginario colectivo acerca de cómo deben ser las relaciones de hombres y mujeres en un plano de igualdad y respeto.

Ahora, para tipos de naturaleza furiosa una opción canalizadora es el boxeo. Allá los esperan pares con la capacidad de contestarles los golpes e incluso noquearlos. Aunque se podrían llevar una sorpresa con mujeres educadas en las artes marciales.

@HoracioBrieva

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