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Dimensiones culturales

La cultura de nuestro país ha estado marcada a través de la historia por rasgos profundos de individualismo.

Para la sociedad, la cultura es lo que al individuo es la memoria. De la misma manera que esta última condiciona muchas de nuestras acciones individuales en el presente, los patrones culturales modelan fuertemente el comportamiento actual de los grupos poblacionales.

Dos dimensiones culturales fundamentales, entre las que se genera un espectro que define las relaciones interpersonales en las sociedades, son el individualismo y el colectivismo. Estas dimensiones definen la forma en que de manera general se interpreta la realidad. En las sociedades con tendencia al individualismo las interacciones sociales son escasas y las motivaciones de los ciudadanos que las conforman están principalmente basadas en metas, derechos y necesidades individuales. Claramente en ellas las prioridades del individuo están por encima de las del grupo. Ejemplos de países donde sus sociedades típicamente se comportan como individualistas son Australia, Gran Bretaña y los Estados Unidos.

En las culturas donde se expresa con mayor fuerza el colectivismo existen muchas interrelaciones personales. De hecho, en ellas, los ciudadanos se identifican como dependientes y leales a los grupos que pertenecen. En estas sociedades las motivaciones individuales buscan satisfacer principalmente necesidades grupales. En las culturas con rasgos colectivistas se evidencia una mayor conexión emocional entre el grupo y se llega incluso a la aceptación tácita de sacrificar algo de privacidad si esto beneficia al colectivo. China, India y Japón son ejemplos de países que socialmente se comportan más con rasgos asociados al colectivismo.

Investigaciones recientes hacen evidente que los resultados, en términos de casos y fallecidos por la pandemia, muestran relación con la dimensión cultural de individualismo o colectivismo predominante en los países. Si bien, esto no se puede abordar como una dimensión monotética, sí parece mostrar una tendencia.

La cultura de nuestro país ha estado marcada a través de la historia por rasgos profundos de individualismo. Las lecciones infantiles de “sálvese quien pueda” y “bobo el último” seguramente ahora han condicionado el comportamiento de muchos ante la pandemia. Imposible olvidar, cuando se declaró la emergencia sanitaria, la magnitud del acopio de papel higiénico, alcohol y termómetros que hicieron algunos sin preocuparse por el desabastecimiento que su conducta generaría. A pesar de que persistentemente se nos ha mostrado que la crisis de salud pública nos afecta a todos y de que solo saldremos de ella si trabajamos juntos, un grupo de ciudadanos mantienen comportamientos que demuestran ausencia total de colectivismo, tales como la organización y asistencia a fiestas clandestinas.

Darle sentido a la siguiente reflexión nos ayudaría a mitigar en gran medida el dolor que hemos vivido: “Nuestras vidas se definen por oportunidades, incluso las que perdemos”.

Aprovechemos esta que aparece, en medio de tanto sufrimiento, para trabajar unidos en la construcción de la sociedad; en la que para disfrutar del bienestar individual se necesite del bienestar colectivo. Tal vez el período de confinamiento generalizado al que entramos hoy en la ciudad y en el departamento sea un buen momento para no dejar escapar esta nueva oportunidad.

@hmbaquero

hmbaquero@gmail.com

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