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Columnas de opinión
Actualizado hace 1 años

Mentirosos

Hemos crecido en la ilusión. Nuestros padres, acostumbrados a echarnos cuentos a la hora de dormir, nos contaron, por ejemplo, una y otra vez la historia de la existencia de Dios y muy pronto estuvimos creyendo con infinita fe en todo lo que él, según la iglesia, nos habría revelado.

La mayor prueba de la existencia de Dios la teníamos cada año mi hermana y yo con la llegada de los regalos que nos traía el Niño divino o Papá Noel, su enviado norteamericano, por vía similar a la del ratón Pérez, otro que venía hasta nuestras almohadas y nos dejaba, a cambio de cada diente caído, unas monedas.

La mayor prueba de la inexistencia de Dios la tuvimos un 23 de diciembre al descubrir bajo una sábana, en el cuarto de la abuela, los juguetes que nuestros padres nos darían dos días después. Entonces compartimos el escándalo con compañeros del colegio y en mi última carta al Papá Dios de los juguetes le envié entre lágrimas mi versión de aquella frase justiciera de Abraham Lincoln: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

Engañar, mentir, manipular. Dar a lo falso apariencia de verdad, provocar que se tenga por cierto lo que no es, producir ilusión, las historias de La Biblia, como la de José y sus hermanos, la de Esaú y Jacob, aquella de Pedro y el gallo que cantó su mentira tres veces, grandes fábulas o subversiones de lo ocurrido, si lo que dicen en verdad ocurrió.

¿Cuánta simulación hay en Don Quijote, en Las mil y una noches, en las comedias y tragedias de Shakespeare, en Caperucita Roja y toda la literatura? ¿Acaso no afirmaba Picasso que el arte es una mentira? ¿No nos agrada el engaño circense que aporta diversión con una broma o un truco de magia? ¿No es una mentira sin dolor toda mamadera de gallo? Pronto viviremos un carnaval en el que podremos ser otros. Como dijo Séneca, “al ponerme el disfraz me lo quito”.

Sabemos que un ejército fantasma estadounidense, hecho de material inflable y respaldado por efectos especiales de luz y sonido, engañó y ayudó a derrotar a los nazis en la Segunda Guerra Mundial. En numerosos escenarios deportivos se comprueba fácil que el triunfo se teje a punta de buenos engaños cada vez que hacemos creer al adversario que la bola o el golpe vienen en otra dirección.

El engaño más frecuente entre parejas es el adulterio, pero no el único. Quizás se comete con facilidad porque se tiende a creer que quien nos ama no nos miente.

La vida está llena de engaños. En la voz de alguien, cualquier frase, información o situación puede ser verdad o mentira; mentira piadosa o acto cortés de civilización. Buenos días, cómo le va, muy bien gracias, me encanta conocerlo, compre este billete ganador, mañana te pago, pesqué un mero así de grande, te soy sincero, cuando llegue al poder, todos nuestros productos son buenos, apreciado amigo, te tomas esto y ya… 

Imagen de cheyenn.lujan
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