El Heraldo
Opinión

Día de la Salud Mental

Es muy difícil tener salud mental para una persona responsable que sabe que debe cubrir unos gastos insoslayables para la supervivencia.

En 1995 la Federación Mundial para la Salud Mental y la Organización Mundial de la Salud decidieron instituir el 10 de octubre como el día internacional para crear consciencia acerca de la salud mental, con lo cual hacen referencia a aquellas enfermedades mentales que afectan gravemente a los portadores y que representan un asunto complejo en cuanto a la salud mental como tal y, también, en cuanto a los costos que implica.

En general, se centran los estudios en enfermedades reconocidas desde la infancia hasta la vejez, de las cuales se pueden citar muchas, pero se deben tener en cuenta otras que no se mencionan con el mismo interés o preocupación y quiero resaltar una que no está contemplada como enfermedad pero afecta tanto como la que más, se llama “falta de dinero”, la cual ha quedado dibujada a nivel mundial a partir de la pandemia de Covid-19, y de la cual sólo se habla entre dientes, pero representa el común denominador que subyace en las consultas actuales por depresión y ansiedad. Después de describir los síntomas de una o de otra o de ambas, la sesión llega a ese punto cruel de la consulta en que para muchas personas representa una vergüenza el hecho de aceptar que, después de tener una cierta solvencia, incluso para pagar una consulta médica, se vean en la necesidad de pedir que le rebajen el costo. Esto aún no figura en las estadísticas médicas pero es una verdad innegable.

Esto no es asunto nuevo, lo que ocurre es que se ha magnificado con la pandemia porque muchas personas con una supuesta salud mental se han desmoronado ante la imposibilidad de salir a trabajar para producir el sustento familiar. Claro que no es asunto por el que consultan niños y adolescentes en razón de su etapa no productiva económicamente, pero los padres sí rezan para que un hijo menor no se enferme, por dos razones: la primera, es que nadie quiere llevar a sus hijos a una clínica por temor al contagio con C-19; la segunda es que, con este desastre de la Ley 100, una emergencia puede que no sea atendida de inmediato y los padres deban meterse la mano al bolsillo para pagar una consulta particular que no estaba en el presupuesto y que, sin duda, lo afecta.

Si se levantaran estadísticas en tal sentido, no creo equivocarme en que las cifras superarían las de esquizofrenia, trastorno bipolar, depresión, ansiedad, para mencionar las más comunes entre adultos, porque las de niños y adolescentes son las más costosas por los prolongados períodos de atención.

Es muy difícil tener salud mental para una persona responsable que sabe que debe cubrir unos gastos insoslayables para la supervivencia y la falta de dinero no es una enfermedad mental pero, ante esa realidad, no se puede “fingir demencia” y menos pensar que una pastilla lo va a resolver.

Penia, voz griega para “carencia”.  Nuevo diagnóstico “Dineropenia” para designar la “cualidad de pobre”.

haroldomartinez@hotmail.com

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