El Heraldo
Opinión

Con más de 35, sin hijos y sin casarse

De mi parte, afirmo que amo la idea de enamorarme y obedece a una sinergia universal con mi pareja, no como una opción de escapar de la soledad.

A la mujer le corresponden varias batallas, tendría que escribir varias columnas para lograr mencionarlas todas, en esta ocasión hablaré de las que pasan los 35 y aun no tienen hijo, ni se casan – a esta historia aplicamos varias amigas y yo – nos quieren contagiar de miedo, provocan temas de conversación como “esa señora es una amargada, nunca cogió marido”, no comprendo porque acogen angustias ajenas. ¿Será que no les basta con su vida? Por lo menos, a mí me basta con mi complejidad, con mis ganas de cambiar el mundo y perfeccionarme, siento que el tiempo no me alcanza como para pretender invadir la vida de otras personas.

Las mujeres que tenemos más de 35 años, somos sospechosas de amargura, soledad, fracaso o esterilidad; si un hombre está solo a los 40 es el soltero cotizado, pero si es una mujer es una “falta de marido”; definitivamente las mujeres la tenemos difícil, pasamos de una adolescencia donde la familia ruega que la calentura de la etapa no les deje en vergüenza por un embarazo precoz, a la angustia de que no nos reproduzcamos y el famoso tren nos pite – si el tren nos pita pues tomamos otro con mejor destino; parece que nuestra matriz fuera un negocio peligroso, muy temprano seriamos las alborotadas hormonales que no supimos esperar el matrimonio pero después de los 35 somos las quedadas.

Hay personas descaradas que dicen: “tienes estabilidad económica, préñate de cualquiera igual no necesitas a un hombre para mantener al bebé”; así de mercantil como suena. “Vaya, muchacha, busque cualquier festival de espermatozoides y póngalos al servicio de su útero, rápido que después se queda sin hijos” - y sigue el negocio, “no tenga uno solo, tenga dos porque si se muere no le queda nadie” las predicciones frente a la vida sexual y reproductiva de las mujeres que pasan de 35 son la demostración de lo perverso que son los prejuicios.

Todo después de los 35 todo se vuelve sospechoso, si te casas y pasa un tiempo sin embarazarte comienzan a preguntarte “¿quién tiene problemas, tu marido o tú? “Ajá, ¿y pa´ cuándo el pelao?”, “procura parir temprano ahora que estás joven luego pareces una abuela y no una mamá”

Por otro lado, si no te casas la cosa es peor. Si te enojas, eres una amargada porque te hace falta un marido y si permaneces sola, eres depresiva, para algunos es difícil comprender que puedas ser feliz sin un hombre; es tan fálico el pensamiento de esos personajes que por “falsa solidaridad” buscan hacerte feliz, pero ¿Qué es hacerte feliz? ¿Cumplir con las normas sociales de unirte con el equivocado o el que no amas, para tener con quien posar para la foto de portada de tu red social preferida? Al final, aunque seas infeliz, debes estar adherida a alguien, pareciera que la sociedad no le interesa si las mujeres son infelices por elegir mal a su socio de vida, sino que no hagan parte de la lista de “quedadas”, perversa costumbre de las apariencias que atropellan conceptos subjetivos de felicidad, libertad y amor.

De mi parte, afirmo que amo la idea de enamorarme y obedece a una sinergia universal con mi pareja, no como una opción de escapar de la soledad, esa no es la dinámica en la que me muevo, no serán las presiones sociales lo que me llevará a tomar una decisión, soy una eterna aprendiz que ha entendido que cada momento puede ser una poesía viva de infinitas emociones; abrazando también la posibilidad de que se puede ser feliz ante la decisión de no ser madre o esposa, cumplir los mandatos culturales no es la única opción de vivir. Tengo más de 35 y es el tiempo perfecto para elegir lo que quiero, cuando y como lo quiera, a mi ritmo, a mi estilo – y esa es la postura – no solo mía – sino de muchas mujeres que han trascendido al amor propio.

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