El titulo es:El Malecón

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Columnas de opinión
Actualizado hace 3 meses

El Malecón

Sopla la brisa de las cinco de la tarde. En el Malecón del río la felicidad vuela persiguiendo la sombra de una niña. Los zapatitos corren. Una joven mujer los persigue azorada. Telas rojas y pálidas se agitan nerviosas. Las gotas de sudor son suspiros. Los alientos escarcha evaporada. Las veo cuando una alcanza a la otra, cuando se abrazan, cuando la madre alza a la hija frente a su mirada alegre y agotada. ¿Por qué corriste, niña mala? ¿Por qué te fuiste de mi lado? ¿Fue por ese monito de cabellos blancos? ¿Por el rumor del río? ¿Por la brisa templada? 
La niña señala a su madre el dibujo, la extraña figura de colores chillones que representa a la mascota de unos juegos, no sé qué fiesta del deporte me dijeron que era, ante la cual se forma una fila de niños gritones, parejas enamoradas, ancianos guasones, la vida deshaciéndose entre tus dedos, que se toman fotos con el irreverente tótem de melena alba, de ojos burlones, de apariencia afable y anárquica, que a todos mira por igual desde el lugar en el que el tiempo se congeló en forma de cartón de colores.

Paso junto a la niña componiendo una cara muy seria. La niña me mira y mira al mono. Mira al mono y me mira. Arruga el gesto sorprendida. ¿Acaso crees, niña de trenzas rizadas, que el español extraño que tienes ante ti es un mono y el mono un español? Sin que la madre lo note, dándome la mujer la espalda, acerco mi cara a la de la niña deformando mis rasgos para parecerme aún más, si cabe, al monito bromista. La criatura, impresionada, retrasa el rostro, abre mucho los ojos y, de pronto, llora desconsolada.

Me dan una palmada en el brazo. No seas malo. Disimulo una sonrisa. Es hermoso caminar una tarde de sábado en el malecón. El cielo vive en gris alisio, nubes calmadas, viento desganado. Un barco se agita esforzado cauce arriba. Dos camarones rosados dicen que son turistas confiados. Allá venden refrescos. Compremos un par y sentémonos junto a esas mesitas cercanas. Las que sujetan al suelo de irse a bañar al río. Trato de hacerme con las bebidas. Un enorme bolso vuelto señora me adelanta en la fila a golpes de nalga. Me pregunto si no será la niña llorona venida del futuro con ansias de venganza.

He oído que aquí cerca se juegan partidos de algo. Leí en el periódico, a ese columnista polémico al que no le gustan los brutos, que habían escrito el nombre del estadio de softball con faltas de ortografía. Ladra un perrito. Explosión de pelo arrojada contra un diminuto morro húmedo. Unos jóvenes hacen piruetas. El pánico saluda desde una muchacha. Sus compañeros la lanzan, tratan de recogerla, no siempre aciertan. Un grupo de amigos debate acodado a una mesa a la que enfrían cuatro cervezas. La espuma recita versos de amor contemplando romántica el río.

Las ondas van y vienen. El agua se pierde en el mar. ¿Nos hacemos una foto junto al mono? Está solo. No te imaginas tú cuánto. Preguntándose qué demonios hace él allí donde jamás vivieron los monos de cabeza blanca. Los rascacielos comienzan a iluminarse. Las aguas se oscurecen. Desciende la noche. Se escucha música a lo lejos. ¿Será vallenato? 

@alfnardiz

Imagen de sandra.carrillo

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