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Columnas de opinión
03 Marzo 2016

El corazón partío

La captura de Santiago Uribe, sindicado de presunto concierto para delinquir y homicidio agravado, fue decisión de “un fiscal de bolsillo” y tiene como fin “doblegar al uribismo” afirmó Francisco Santos el pasado lunes en una entrevista con Juan Lozano. Manifestó el exvicepresidente que se trata de una “persecución política feroz del aparato judicial” contra un partido que es “un obstáculo para el socialismo del siglo XXI”, y se declaró con el corazón partío –como diría Alejandro Sanz– por el dolor que tal situación produciría a su hermano, el senador Álvaro Uribe. No quisiera entrar a debatir sobre uribismos o santismos –en una nación dividida entre crédulos y escépticos pertenezco a la legión de escépticos recalcitrantes que aspira a cruzar el túnel hacia la inmortalidad habiéndose desligado de diosecillos de carne y hueso–, y prefiero concentrarme en explorar ese voraz padecimiento llamado dolor que a todos nos ralla el alma y nos pulveriza el cuerpo. Por fortuna, Francisco Santos no pronunció una frasecilla muy trillada en los últimos tiempos, “dolor de patria”, de manera que su corazón partío pareció no articularse con el dolor que constantemente agobia a los del Centro Democrático. Lo comprendo, corresponde a todo hombre reservar en el versátil corazón un sitio donde sentir compasión por quienes sufren. Sin embargo, observando las reacciones provocadas por la captura de Santiago Uribe, me pregunto si él, o alguno de los dirigentes que han regido el destino de la Nación, se han detenido a pensar en las veces que sus actos han vuelto añicos el órgano primordial de los colombianos.

Porque, lo cierto es que si a Pachito se le parte el corazón por lo que siente el senador Uribe ante la situación jurídica de su hermano, el nuestro se ha reventado periódicamente en razón del estado de permanente incertidumbre y la constante confusión que promueven impunemente unos dirigentes que ya no tienen credibilidad. Y, por supuesto, esto va más allá de uribismo o de santismo, porque en eso están comprometidos todos los ismos que han accedido al poder y en lugar de utilizarlo para fundar un país con pensamiento propio, claro y comunal, han conformado una masa irreflexiva, políticamente esclava y polarizada en torno a unos bandos que exponen públicamente, respaldados por los medios, la descomunal incoherencia que existe entre sus palabras y sus actos. “La cúpula (militar) obedece, entonces debería ser el presidente el que responda por lo sucedido en El Conejo (en realidad es Conejo)”, dijo Francisco Santos a un Juan Lozano que insistía sin pudor en recalcar los múltiples desaciertos del gobierno de Juan Manuel Santos. Lo dijo el fiel escudero de un presidente en cuyo mandato se cometieron ejecuciones extrajudiciales. Por eso descreo de todos; entretanto, los crédulos se devoran mutuamente… ferozmente.

berthicaramos@gmail.com

Imagen de JoshMattar