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Actualizado hace 1 años

De cenicienta a princesa

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Da gusto recorrer el campo en Sidemen, un lugar que pertenece a la Indonesia y que podría parecerse a cualquier parte de Colombia –un país de extraordinarios recursos y bellezas naturales– si no fuera porque la violencia y la ineficiencia estatal acabaron por desestimar el enorme potencial agropecuario que este último posee. Sidemen es una población pequeña situada al este de Bali y rodeada por los verdes resplandecientes que produce la tierra cuando existe una correcta interacción entre ella y la comunidad. Allí la vida se centra en los arrozales y en los diversos cultivos que ocupan los valles surcados por incontables canales de riego. Da gusto ver cómo el campo es un organismo vivo alrededor de Sidemen. Sencillas casas, muchas de ellas construidas con tableros de bambú, se multiplican en el paisaje revelando la febril actividad que distingue a una familia campesina. Predominan los altares, a ratos parecería que hay más altares que casas. La mayoría de los balineses practican un hinduismo mezclado con cultos budistas y un animismo ancestral que hace que la dinámica rural de Sidemen esté poblada de escenas en que se funden el humo de las quemas y las fragantes resinas del incienso. Un universo vital en el cual el campesino encaja felizmente, que ha sido bastante esquivo para nosotros, los colombianos, a pesar de haber nacido en un país privilegiado naturalmente. La conexión más cercana que recuerdo haber tenido con el campo ocurrió cuando mi abuela nos llevaba a comprar las hortalizas en las granjas de los chinos, en lo que hoy es el barrio Las Mercedes Sur. Para muchos en Colombia el campo real siempre fue ajeno, porque la suya ha sido una historia de frustraciones, de apropiación y de violencia que hizo de él un territorio marginal y despreciado.

Por tal razón, cuando –en el Foro Colombia Siembra, del Ministerio de Agricultura y organizado por EL HERALDO– escuché que por la vocación de suelos y por su diversidad el país está siendo considerado hoy como un jugador de talla mundial, se me pararon las antenitas de vinilo. Que Colombia pasará “de cenicienta a princesa”, dijo Adriana Senior, presidenta de la CCI, entidad que ha prestado apoyo a más de dos millones de pequeños productores. Mis antenas palpitaron. Que, según el ministro Iragorri, la FAO anunció que hay 7 países en el mundo donde se va a sembrar con miras a responder a la demanda mundial, y uno de ellos es Colombia. Mis antenas comenzaron a traquear. Que a través de Colombia Siembra se pretende aumentar en 1 millón de hectáreas la frontera agrícola para que el sector sea más rentable; que renacerá el sector rural y se generarán 264.000 nuevos empleos. Para entonces mis antenas de vinilo querían colapsar. Ojalá resulte verdad tanta belleza y sean los pequeños productores, no los grandes empresarios, quienes se calcen esa valiosa zapatilla.

berthicaramos@gmail.com

Imagen de Anónimo

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