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Columnas de opinión
Actualizado hace 2 años

Cada loco con su tema

Sin lástima y sin ira el tiempo mella las heroicas espadas”. Sin lástima y sin ira –bella imagen de un gran poeta como Borges– procede el implacable tiempo, encargándose de mostrar el auténtico sentido de cada acto individual y de esas gestas comunales que marcan hitos en la historia. Impertérrito testigo, en su “inmortalidad infatigable” el tiempo acaba por develar la intimidad de los amores, de los imperios, de las luchas, las proezas, de los ídolos y el común de los mortales, y mella heroicas espadas. En el tiempo suceden por igual procesos evolutivos, fenómenos astronómicos y experiencias espirituales; él sirve para enmarcar la asombrosa transformación de una crisálida, o los aciagos estertores de la muerte. Es insalvable, intransferible, y, no importa el argumento, es el tiempo el escenario en el que montamos el sentido que le damos a esta efímera existencia: el proyecto, la obsesión, la fantasía. Bien lo dice el refrán: “cada loco con su tema”, una sentencia que retrata la indómita obstinación por alcanzar un objetivo personal, aunque a veces su conquista esté ligada fatalmente al destino de una colectividad. No deja de sorprender la facultad que tienen algunos para hacer que su obsesión se convierta en la obsesión de millones de personas; simples frases como “Es un deber para con lo más sagrado velar por la pureza racial” lograron canalizar las emociones de todo un pueblo, e imponer las políticas raciales de Hitler.

Evidentemente cada loco tiene sus temas, yo también tengo los míos; pero, además, esta Era inteligente en la que prima el acceso a la información es el hábitat perfecto que convoca a la locura y sus innumerables temas. En un mundo interconectado se abren paso velozmente las obsesiones de individuos de gran determinación, que en la lucha permanente que plantea el vínculo amos/esclavos consiguen que los serviles abandonen sus ideales, para inducirlos a sostener las ideas megalomaníacas con que se aventuran a liderar una sociedad. Sin embargo, sin lástima, y sin ira, el tiempo va haciendo lo suyo; lo ha hecho con las arengas de Hugo Chávez: “Cada día el mundo está más esperanzado con la Revolución Bolivariana. No podemos fallarle al mundo. De lo que pase en Venezuela, del éxito de nuestra revolución puede depender el futuro, la salvación de este planeta”. Seguramente lo hará con las necedades de Donald Trump: “Construiré un muro magnífico –nadie puede construir muros mejor que yo, créanme– y no saldrá caro. Lo haré en la frontera sur y haré pagar a México por él”. 

En la reciente convención del CD un Londoño que clamaba por “volver trizas ese maldito papel que llaman el acuerdo con las Farc” y una Valencia vocinglera rendida a la adulación: “Usted brilla cada vez que le da el sol… usted representa el mástil que nos inspira y que nos mueve” fueron patético ejemplo. Cada loco con su tema, ya veremos qué hace el tiempo con tanta palabrería...

berthicaramos@gmail.com

Imagen de said.sarquis
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