El titulo es:Seis articulitos

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Columnas de opinión
Actualizado hace 12 dias

Seis articulitos

Todavía los colombianos no logramos reponernos de los efectos negativos que trajo la aprobación de la reelección presidencial en el 2005. Por entonces, y a fin de conseguir la permanencia del presidente Uribe en el poder, se planteó una reforma constitucional que, al decir de Fabio Echeverri Correa, lo único que implicaba sería el cambio de “un articulito” de la Constitución nacional. Tiempo después pudimos comprobar que esos sufijos tan empleados por el propio presidente, ese carácter de cosilla intrascendental, ese matiz de irrelevancia que concede a las palabras el solapado diminutivo y que “da valor afectivo al vocablo al que se une”, eran parte de la estrategia para minimizar lo que se estaba fraguando. La reelección presidencial inmediata fue aprobada, y con ella se reabrió la puerta a la inestabilidad institucional y a la amenaza del caudillismo atornillado en el poder. De ahí que, la modificación del legendario “articulito” inaugurara otro período de odio y polarización entre colombianos que, años después, aún sigue in crescendo. 

Coherente con las políticas de su partido de minimizar lo que ellos maquinan y magnificar lo que traman otros, se pronunció el presidente Duque para fijar su posición frente al debatido tema de la ley estatutaria de la JEP. Como era de suponerse no lo hizo para sancionarla; pero en su corta alocución se ocupó de hacernos saber a los colombianos que “por razones de inconveniencia” realizaba objeciones solo a seis de sus 159 artículos. Como si hablara de cambiar seis minúsculos enchufes de una torre en construcción de casi doscientos pisos, Duque expuso sus objeciones cuidándose de mostrarse condescendiente al “invitar a que el Congreso de la República las debata constructivamente”. El presidente pareció querer decir –como se dijo años atrás en torno a la reelección– que solo seis articulitos van ser modificados. Pero resulta que la Colombia de hoy es bien distinta. Y, si bien el gran sector de la población que lo eligió celebra sus decisiones –con el derecho que nos asiste de escoger a quién veneramos–, hoy también somos muchísimos los que aprendimos a entrever las variadas jugaditas que encierran las palabritas del partido de gobierno. Por lo pronto, sospechamos que el debate que reinició el oficialismo –un intento obsesivo de reivindicación por la falta de reconocimiento durante el gobierno anterior– encubre el grave peligro que representa el desacato a la Corte Constitucional, pues ello implica autorizar al presidente a objetar, en adelante, cualquier decisión que esta tome en ejercicio de sus funciones. Pero se trata, sobre todo, de dilatar la sanción de la ley Estatutaria de la JEP, de llevarla a límites ambiguos, de dejarla en ese estado indefinido que es propicio para “volver trizas” los Acuerdos; porque la objeción de los seis articulitos traba todo el engranaje de la paz de Santos, y le apuesta a destrabar la que sería la paz de Uribe. 

berthicaramos@gmail.com

 

Imagen de sandra.carrillo
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