El Heraldo
Opinión

Desde que éramos niños

 En los gobiernos centrales de décadas no les cupo en la mente que el problema del Rio Magdalena, la sedimentación, la protección de las orillas, el dragado permanente, óigase bien permanente, todo ello no es como ellos piensan un problema que tienen que arreglar en  la Costa, en Barranquilla sino una situación nacional de estancamiento o progreso para todo el país, con incidencia en 18 departamentos, en un complejo clarísimo de costos y beneficios, con impulso al desarrollo integral del país, a la reactivación económica.

Recordamos mucho aquella charla con el gran señor que nos enseñó tantas realidades    morales y  cívicas, el doctor Alberto Pumarejo, estando nosotros recién graduados de la Universidad, cuando manifestó: Ya está prácticamente reglamentada Bocas de Ceniza   (De  cuya ley  fue coautor) pero ahora comienza el  nuevo calvario:  Su mantenimiento, su dragado, su futuro". Palabras proféticas. Era quizás la visión  del político  que conocía el andamiaje del Estado, las pasiones y preferencias a su interior, su lejanía de los intereses regionales, la profecía de un calvario  que  lleva  décadas  sin  que  el gobierno  central  se apersone  del tema. 

Conocemos de primera mano los esfuerzos de varios gobernadores y alcaldes locales solicitando atención al problema de nuestro puerto, su sedimentación, su protección, la evolución de  las características. Entre ellos Fuad Char le metió el hombro duro con el ministro de turno y ante el Presidente Barco. Nosotros como autoridad metropolitana en tres ocasiones también en audiencias otorgadas por el ministro del ramo, expusimos nuestras necesidades y urgencias al respecto.  Humberto Salcedo Collante inclusive como Ministro de Obras Públicas luchó  para dar un paso adelante, él como un referente importante de la Costa Caribe y de igual manera todas estas gestiones terminaron en promesas, mucho  tinto, mucho “queremos a Barranquilla’’ para después, semanas o meses posteriores" El Ministerio de Hacienda está sin recursos por ahora pero podemos intentar el año entrante’’. Más o menos, en términos populares esta ha sido la película por muchísimos años. Basta leer los titulares de EL HERALDO de hace treinta y cinco años y son exactos a los de hoy en día.

Película que continúa, ahora perfeccionada con los adelantos técnicos y también con el aumento de los problemas. Los que empujan hoy ejecutivos jóvenes y brillantes que marcan un esfuerzo al lado de las autoridades de turno, se  encuentran  frente al mismo muro, la misma pared: No hay vocación de respuesta, no hay intención de  facilitar los trámites, la buena intención no basta, y sobre todo lo más impaciente: En los gobiernos centrales de décadas no les cupo en la mente que el problema del Rio Magdalena, la sedimentación, la protección de las orillas, el dragado permanente, óigase bien permanente, todo ello no es como ellos piensan un problema que tienen que arreglar en  la Costa, en Barranquilla sino una situación nacional de estancamiento o progreso para todo el país, con incidencia en 18 departamentos, en un complejo clarísimo de costos y beneficios, con impulso al desarrollo integral del país, a la reactivación económica.

En pocas palabras resumido el terna es cuestión de absoluto centralismo arraigado en la matriz de Colombia que no acepta salirse del círculo que ellos llaman de  oro, para atender al resto del país en sus necesidades. Sin ir muy lejos el Chocó, la Guajira y parte de los Llanos son una muestra apenas de esa fotografía del egoísmo, la imponencia, la arrogancia y el despotismo del centralismo del gobierno. Es un caso patológico de raigambre muy honda en la mentalidad capitalina soportada en sus regiones cercanas alrededor que merecidamente también han necesitado solución a sus urgencias. De modo que hoy no nos queda más consuelo que con todo respeto sugerir una solución: Capital privado, si se puede en sociedad de economía mixta con el Estado Regional, para adquirir una Draga propia, manejar autónomamente asumiendo todas las obligaciones y beneficios.

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