Columnas de opinión |

Crímenes y más crímenes

Lo que sucede es que ya nos acostumbramos. No nos sorprende conocer a diario los muertos que se amontonan en todos los Departamentos por los motivos más baladíes. Nuestra capacidad humana de asimilación va formando un mecanismo de autodefensas que solo se altera más o menos según la sevicia, el escándalo, la magnitud del homicidio, su crueldad o lo que es más terrible: el simplismo del motivo que lo antecede. Es tremendo presenciar cómo nos encerramos en una violencia sin ninguna lógica cuando se asesina por una discusión de celos, por robar un celular, por un atraco en plena calle buscando billeteras o relojes, por una  venganza o por una de las caracterizadas luchas entre pandillas, clanes se dice ahora, como si viviéramos en el más salvaje de los mundos.

Lo triste, lo inmensamente triste es que el Estado ha demostrado a través de los años que es incapaz de controlar esta situación. Si acaso disminuirla y se anuncia si sucede con bombos y platillos: que ya disminuyeron de 100 a setenta comparado con el año anterior, que la brutalidad cedió en tal o cuál porcentaje respecto al mes que antecede. ¡Sofismas de distracción! El Estado no alcanza a controlar y mucho menor extirpar ese ADN de violencia estúpida que rige la vida de los colombianos. Y si agregamos un análisis a la justicia ya sabemos cuál es el resultado de los procesos penales: dejar en libertad al sindicado anteriormente diez veces, porque no representa un peligro contra la sociedad. ¿No hay demasiado cinismo en esa explicación?

La otra parte de la moneda significa un estudio, donde ya hay cientos de ellos, sobre esa idiosincrasia que nos caracteriza en la que es solucionable cualquier conducta con unas puñaladas o con varias balas. Por todo, para todo, en cualquier escenario, diariamente, como si fuese una maldición tallada en piedra. ¿Falta de educación? ¿Ausencia de valores y principios? ¿Abuso desmesurado del alcohol? Hogares destruidos, ¿hombría degenerativa para enaltecer al macho sobre otro macho o sobre la hembra? ¿Degeneración?

Nos comentaba un amigo brasilero recientemente que en su país el tema es igual. Crímenes por todos lados y a toda hora. Sabemos que en el México de nuestros amores es bastante parecido. ¿Es esto un consuelo? No; en la misma América Latina hay países mucho más respetuosos de la vida humana que nosotros tres. ¿Por temperamento? ¿Por más nivel cultural? La verdad es que sin ánimo de alabanzas en Chile o Argentina, o Uruguay o Paraguay, o Perú o Bolivia o Costa Rica y Panamá, o República Dominicana o la misma Cuba, un crimen escandaliza, sorprende, abruma, es titular de noticieros una semana entera y la sociedad se paraliza y aporta todo su potencial  delator o colaboración para  encontrar culpables y  judicializarlos. Es  tema de semanas: un solo crimen. Pero entre nosotros hay media docena, diarios y ya a la sociedad hasta se le olvidan los nombres y circunstancias, porque es algo cotidiano, diríamos que normal. La gran pregunta en pleno siglo 21, en él se supone avanzamos en educación y formación de valores, es si nuestra historia se seguirá escribiendo para siempre con este estigma de violencia y maldad en el que la vida humana no tiene absolutamente ningún valor. Ese es el gran interrogante por saber si nuestra descendencia podrá respirar algún día aire puro o vivirá entre la cloaca de la estupidez humana.

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