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Opinión

“Aquí mataban gente”

Podremos ser un país en el papel pero como nación estamos pegados con babas que huelen mal y no aguantan una brisa.

Con esa frase Simón Srebnik reconoció casi 40 años después el lugar donde quedaba el campo de concentración y exterminio de Chelmno, en la Polonia ocupada por la máquina de matar nazi que en la segunda guerra mundial costó millones de vidas. Srebnik vuelve allá llevado por el director de cine Claude Lanzmann como parte del rodaje de “Shoah”, una impresionante película documental que todos en la vida debiéramos ver alguna vez. Lo que se nota en el plano es una pequeña explanada marcada por el borde de unos ladrillos tapados por el pasto, único recuerdo físico visible de los edificios del campo. Las palabras de Srebnik traen al tiempo presente el horror de un pasado irrepresentable.

No es casualidad que el inicio de “Noche y Niebla”, otra obra de arte cinematográfica sobre el Holocausto, autoría de Alain Resnais 29 años antes que la Lanzmann, también inicie con una referencia al paisaje. Recordemos que para el resto del mundo el Holocausto pasó literal y extrañamente escondido hasta que las fuerzas de liberaciones soviéticas y norteamericanas empezaron a descubrir con estupefacción la materialización de lo que el eufemismo (vuelve el eufemismo...) había llamado la “solución final”. Y ya que hablamos de lo extrañamente escondido, un documental en el que trabajaba Alfred Hitchcock en 1945, producido con material fílmico rodado mientras se liberaba el campo de Bergen-Belsen, fue desechado y archivado por 4 décadas hasta que lo encontraron por casualidad en un museo. Esos de los extraños olvidos o escondidos dará para otra columna en otro momento.

Porque hoy, aquí, y seguro en otras partes es igual pero lo que nos interesa pasa aquí, están matando gente, están desapareciendo gente, están negando la existencia, la palabra, el lamento y hasta la posibilidad de la memoria y; peor que peor, de frente y como parte del paisaje. Se dispara y amenaza como en serie libreteada. Ni siquiera sorprende que no sorprenda o que muchos lo justifiquen. Podremos ser un país en el papel, pero como nación estamos pegados con babas que huelen mal y no aguantan una brisa. Hasta se perdió la posibilidad de refugiarse en el estereotipo, porque las camisas blancas ahora tienen como dueños a los autoproclamados “de bien”, como si ver al mundo con todos sus colores fuera malo, porque es que a muchos el color que más les gusta es el del plomo. Ese es el que hay. Ese es el que viene.

Así lo quieran ocultar, así lo quieran maquillar, así se quieran convencer de lo contrario mirando para otro lado, así terminen de borrar las clases de historia de los currículos escolares, nos venimos matando desde hace 70 años por lo menos. Y ahí seguimos, confundiendo con resiliencia lo que es una pasmosa incapacidad para sacudirnos.

Se nos están acabando los chances. No sabemos si sobreviva alguien que en unos años pueda mirar el paisaje y recordar lo que pasó. A este paso, ni paisaje quedará. Aquí, que no se nos olvide, mataban y siguen matando gente.

asf1904@yahoo.com

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