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Columnas de opinión
Actualizado hace 1 meses

Platos a 40.000 pesos

Hoy en día comer en Barranquilla se ha convertido en una prueba a la que no todos los bolsillos llegan. Cada vez son más los locales con ínfulas de calidad que no bajan de los 30 y los 40 mil pesos por cualquier plato, ya sea de carne o pescado. Y no hablo de los restaurantes más elegantes y modernos. En esos, por supuesto, ni se le ocurra entrar si no tiene preparados cien mil pesitos por persona. Hablo de los comedores de mediano pasar, los que no están mal, pero tampoco son nada del otro mundo, a donde ir un fin de semana cualquiera. En estos tiempos, uno se presenta en un restaurante que hasta estéticamente presume de ser de los de toda la vida, tradicional y tal, y le clavan 40 mil por un platito que, oiga, no es que yo sea tragón, pero es que solo lleva un trocito de pescado, un par de patatitas y dos hojas pochas de lechuga. Los entrantes de 15 o 20 mil no bajan. De su diminuto tamaño mejor no hablar. Las ensaladas igual. Los postres tres cuartas partes de lo mismo. Por una cerveza por la que en el supermercado se pagan dos mil, le quitan nueve mil. Y vino ni se le ocurra a usted pedir. Porque beber una botella decente se sale de todo control y el precio puede llevarlo a la ruina.

Se podría pensar: al menos la calidad del producto será buena. Pues qué quiera que le diga. Un servidor no será un gourmet de nivel internacional, pero algo ha viajado y algo ha comido, y lo que en la mayoría de los sitios de esta ciudad te ofrecen no pasa de lo normal. A mí, en locales sin nada del otro mundo, me han pedido 20 o 25 mil por una hamburguesa que, sin salsas, no sabía a gran cosa. En restaurantes con mucho nombre me han dado carnes que tenían más nervios que una película de terror. Y no soy experto en vinos, pero cobrar 100 mil pesos por una botella que en su país de origen cuesta cinco euros… Hay de todo, por supuesto, y si se va a un chuzo no se va a comer caro. Pero la regla es que los restaurantes de Barranquilla cobran mucho tanto si los comparamos con otras ciudades colombianas (salvo Bogotá y Cartagena, no creo que ninguna tenga los precios que aquí sufrimos), como si se comparan con otros países valorando la menor capacidad adquisitiva de la mayoría de la población local. Por supuesto, y salvo excepciones de profesionales buenos y afectuosos, en el servicio mejor ni entrar. Por lo general es lento, inexperto e ineficiente en extremo. Muchas veces se paga la propina por pena, no porque realmente sea merecida.

La pregunta es por qué aceptamos semejante desafuero. ¿Espantajopismo? He llegado a ver cómo en un local elegante se referían, en tremendo galicismo, a un tamal como ‘tamalé envuelté’ y en una conocida cadena de restaurantes llamaban al mote de queso, atención, señora: ‘fondue costeña’. ¿Instrumento de expulsión social de quienes no tienen dinero para ir a los restaurantes medio buenos? ¿Idiotez ‘pupirronchil’ del que se cree mejor por pagar más? Ni idea. Pero comer en Barranquilla es una sangría.

 

 

Imagen de jesika.millano
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