Columnas de opinión
Actualizado hace 4 meses

Nuevas religiones

¿No se han fijado que hoy en día hay un montón de gente que defiende cosas en las que hasta hace no mucho casi nadie se había parado a pensar? El animalismo. Los escuchas llamar asesinos a los toreros y quedarse más anchos que largos. Como si un toro equivaliese a un ser humano. Los veganos. Te comes una hamburguesa delante de ellos y te miran como si fueras el nazi loco de la Lista de Schindler. Las feministas 3.0. Ahora detienes los ojos en una mujer más de dos segundos seguidos y te arriegas a ser tildado de protoabusador heteropatriarcal machista falocéntrico que a tu lado Otelo, ya saben, el que mató a la pobre Desdémona por unos celos errados (maldito Yago), es un santo varón. Los LGTBI (de tantas letras uno ya no sabe si es un grupo humano o un código arcano de los que Dan Brown ve en cada bendito cuadro de Leonardo). Dices una frase bruta de las que los tipos nos hemos dicho desde la noche de los tiempos y, si te equivocas y el destinatario de tu idiotez no es de tu misma orientación sexual, puedes tener tremendo lío: homófobo, salvaje, etc. Y como los citados, varios grupos más que defienden las más diversas causas que ni usted ni yo sabíamos que existían (o sí sabíamos, pero no les dábamos mucha importancia) hace unos pocos años.

Todo esto es una parodia de los hechos, por supuesto. Pero toda parodia esconde siempre cierta parte de verdad. Vaya por delante que no me gustan las corridas de toros. Apenas como carne. Defiendo que la mayor transformación social del último siglo y medio (aun no terminada) no han sido los derechos sociales, el internacionalismo, o el fin del colonialismo, sino la equiparación en derechos de la mujer. He afeado en público más de una vez las afirmaciones de alguno/a que desvariaba sobre los homosexuales. Y, aun y formando parte de todos los grupos de explotadores que han existido en este triste mundo (blanco, europeo, del Real Madrid...) y hasta teniendo un antepasado traficante de esclavos (y mecenas de Gaudí), me considero liberal (en el sentido popperiano de la palabra) y, por ello, defensor a ultranza de la libertad individual.

Pero es que cuando observamos a una importante parte de los acólitos de los grupos citados, no vemos defensores de la libertad, sino fanáticos religiosos. Gente que una vez muertas las religiones teológicas y enterradas las ideológicas, se lanza a la aventura con nuevas religiones éticas. Y defienden a los toros de lidia o a los cerditos que llorosos hollan el matadero como los cruzados de antaño defendían el honor de Nuestra Señora. Porque en sus mentes no hay razón, sino fe. No hay argumentos, sino dogmas. Y no hay tolerancia, sino fanatismo. Nuevas religiones, les decía. Un nuevo modo de permitir que los pobres seres humanos, monos locos y desesperados como somos, encontremos algo que nos dé certezas absolutas en esta realidad nuestra tan poco cierta y tan poco absoluta.

@alfnardiz

 

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