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Columnas de opinión
Actualizado hace 1 años

¿Es feminismo socialista?

¿Es feminista el feminismo? ¿O detrás de gran parte de lo que hoy se considera feminismo no hay nada sino una nueva formulación del socialismo? Me explico. El feminismo toma cuerpo y consigue comenzar a hacerse escuchar a finales del siglo XIX en Inglaterra con el movimiento sufragista, que luchaba por el reconocimiento del derecho de sufragio de la mujer, y con la ayuda y respaldo intelectual de John Stuart-Mill. Es decir, el feminismo surgió en los países anglosajones como un conjunto de reivindicaciones de espíritu liberal, que trató de lograr lo que el liberalismo siempre ha buscado: mayor libertad individual y menor opresión estatal.

Sin embargo, si se examina el feminismo del presente, lo que en un elevado porcentaje se muestra no es nada que coincida con los parámetros de pensamiento típicamente liberales (libertad individual, tolerancia, pluralismo y mínima intervención del Estado), sino que lo que aparece es una concepción social dialéctica en la que hay opresores y oprimidos, en la que es necesario que el grupo oprimido (que es de naturaleza monolítica) tome conciencia de su situación, abandone la falsa conciencia que la ha sido impuesta por los opresores y se alce merced a la nueva conciencia de clase fijada por la minoría movilizada, en la que el rol del Estado como instrumento para lograr la liberación de los oprimidos es imprescindible y donde a cualquiera que disienta no se le acepta como un sujeto digno de respeto, sino como un enemigo que no puede ser tolerado, pues, o es herramienta de los opresores, o es él mismo opresor.

Un ejemplo de lo anterior –que me parece significativo– se ha vivido recientemente en España con el intento de un grupo de mujeres de constituirse en sindicato de prostitutas. Finalmente, su deseo no se ha podido cumplir porque la legislación española no prevé esta posibilidad. No pocas autodenominadas feministas han criticado severamente la posibilidad de legalizar la prostitución. Sostienen que es una práctica denigratoria que genera violencia contra la mujer, que supone una nueva forma de esclavitud y que, por ello, debe ser perseguida. Es decir, unas mujeres libres, adultas y en pleno ejercicio de sus facultades pretenden legalizar su profesión para evitar ser explotadas al tener que ejercerla en la ilegalidad, y otras mujeres defienden que se les prohíba precisamente en nombre de su libertad.

La concepción de la mujer como clase oprimida, la idea de que solo mediante la intervención del Estado (prohibiendo e imponiendo) se puede conseguir la libertad, la visión colectivista de la mujer como grupo sin divergencias internas y donde necesariamente todas han de pensar lo mismo, la imposición cuasi-religiosa de la verdad revelada a quienes, si no la aceptan, dejan de ser buenas mujeres (como antes buenos proletarios). Todos estos elementos permiten encontrar similitudes más que suficientes para considerar que mucho de lo que acostumbra a llamarse feminismo no es más que el enésimo rescoldo por apagar del incendio socialista. Dado que el feminismo surge como manifestación del liberalismo y dado que parte de lo que hoy se tiene por feminismo se articula sobre categorías marxistas, no es descabellado afirmar que una porción relevante del feminismo actual no es tal, sino socialismo. Una ideología que no defiende la libertad, sino que, aparentando tal cosa, promueve la opresión, la tiranía y un oscurantista retroceso de las libertades individuales.

@alfnardiz

 

Imagen de sandra.carrillo
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