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Opinión

Vida consciente

Por eso, vivo convencido de que la espiritualidad nos ayuda a ser mejores seres humanos.

Ser espiritual es vivir con conciencia. No podemos vivir en automático. Es necesario que entendamos y comprendamos el “por qué” y el “para qué” de cada una de nuestras decisiones y acciones. Como dice Ellen Langer: “cuando actúas de forma consciente, usas las reglas, los hábitos y los objetivos a modo orientativo, nunca dejándote gobernar por ellos”. Esto implica varias acciones:

1. La observación activa. Es decir, estar atentos a cada una de las situaciones que se viven, tanto en los detalles, como en la totalidad. Es detenerse en cada situación con  inteligencia y disciplina. Esto implica vivir en el presente y tener una relación más estrecha con el contexto. Por no tener una observación activa, algunas veces absolutizamos una perspectiva y terminamos creyendo que  la realidad solo tiene esa interpretación. Cuando vemos la compleja relación de los detalles, nos damos cuenta de lo polisémico de la vida, y nos hacemos capaces de no absolutizar ni radicalizar posiciones que son relativas.

2. Parar, desconectarse, descansar y recuperarse. Haber endiosado la producción nos ha hecho creer que necesitamos estar trabajando siempre. Eso nos lleva a vivir en automático y a ser menos productivos. Me gusta mucho la definición de adicción de C.S. Andreassen: “Estar excesivamente preocupados por el trabajo con un impulso irrefrenable hacia él y dedicándole tanto tiempo y esfuerzo que hace que otros aspectos importantes de la vida se deterioren”. El trabajo es una de las tantas dimensiones importantes de la existencia, no es absoluta, ¿para qué sirve tener un buen trabajo si se tiene una deteriorada relación de pareja y familiar? La adicción al trabajo ocasiona que las personas vivan como robots y terminen destruyéndose y causándole daño a muchos de los que están cerca. Descansar no es lo mismo que parar. Muchos se detienen exteriormente, pero siguen conectados interiormente a la dinámica rauda y agotadora del trabajo. Es necesario saber descansar, no hacer nada, pensar en otras actividades, serenarse, gozarse la vida y recuperar las fuerzas. Esos espacios de descanso son oportunidad de entender hacia dónde va la vida y saber cómo debemos actuar para ser más feliz.

3. Romper esquemas de vida y paradigmas mentales y aproximarse a los otros desde la realidad tal cual son. Tantas etiquetas no sólo nos hacen perder la autenticidad de cada persona y cada situación, sino que nos hacen vivir en automático. Me encantó la estrategia que plantea Ellen Langer: “Una estrategia es imaginar que tus pensamientos son completamente transparentes. Si así fuera, no pensarías algunas de las cosas horribles que piensas de los demás. Encontrarías una manera de entender el punto de vista de los otros”, lo cual seguro nos haría gastar menos energía en lo que no es realmente productivo, nos llevaría a tener relaciones funcionales y emocionantes y sobre todo a vivir conscientemente. Estoy seguro que las verdaderas prácticas espirituales nos ayudan a vivir de esa manera. Las experiencias de oración, de meditación, de liturgias tienen que ser oportunidades para tomar conciencia de quiénes somos, cómo estamos viviendo y hacia qué ideal queremos ir.

Por eso, vivo convencido de que la espiritualidad nos ayuda a ser mejores seres humanos, porque nos recuerda que la vida está en nuestras manos y que debemos saber qué queremos hacer con ella, y nos recuerda también cómo nuestras decisiones y acciones impactan la vida de los otros. Ser espirituales es estar comprometidos con nuestro presente.

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