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Por: Estefanía Fajardo De la Espriella

Así se ve la Tierra en un día convulsionado

Satélites de la Nasa captaron la presencia de aerosoles que se relacionan a columnas de humo en Norteamérica, ciclones en el Océano Pacífico y nubes de polvo en los desiertos de África y Asia.

Lo que parece una imagen colorida de la Nasa es un gráfico de las catástrofes y fenómenos ambientales que impactan la Tierra por estos días.

La agencia acompaña la publicación con un texto que dice: “toma una respiración profunda. Incluso si el aire se ve limpio, es casi seguro que inhalarás millones de partículas sólidas y gotas de líquido. Estas manchas omnipresentes de materia se conocen como aerosoles, y se pueden encontrar en el aire sobre océanos, desiertos, montañas, bosques, hielo y en todos los ecosistemas intermedios”.

Justamente esas zonas de colores brillantes representan partículas de ceniza, sal marina y polvo que han sido identificadas por los satélites científicos Aqua, Terra, Aura y Suomi NPP, ofreciendo una perspectiva completamente diferente de cientos de kilómetros sobre la superficie de la Tierra.

Si alguna vez ha visto humo saliendo de un incendio forestal, cenizas que salen de un volcán o polvo que sopla en el viento, ha visto aerosoles.

“Los aerosoles son una mezcla de material sólido, líquido y gaseoso que permanece suspendido en la atmósfera por horas o días. En estas  partículas conviven diversas especies químicas, así como bacterias y virus, tienen efectos sobre la salud de las personas, los ecosistemas, la visibilidad, las nubes, entre otros”, explica Laura Gallardo, directora del Centro de Clima y la Resiliencia de Chile.

Una versión de un modelo de la Nasa llamado  Goddard Earth Observing System Forward Processing (GEOS FP) evidenció estas partículas que se pasearon por la atmósfera el pasado 23 de agosto.

Ese día, enormes columnas de humo flotaron sobre América del Norte y África, tres ciclones tropicales diferentes se agitaron en el Océano Pacífico y grandes nubes de polvo volaron sobre los desiertos en África y Asia.

La imagen, manifiesta Gallardo, ilustra la presencia por doquier de aerosoles ese día. “Algunos de ellos de origen marino (sal marina), por ejemplo sobre los océanos australes. Otros son ricos en aerosoles de carbón tanto orgánico como elemental (carbono negro) viento abajo de zonas de quemas e incendios sobre África y la costa oeste de Norte América (en California y Columbia Británica). También se ven tormentas de polvo sobre el Sahara y otros desiertos en Asia”.

Esa imagen es el producto de mezclar las señales capturadas con sensores ópticos en satélites y simulaciones atmosféricas. “Este tipo de imágenes nos informan oportunamente y nos permiten tomar mejores decisiones”, asevera Gallardo.

Los seres humanos, sostiene la experta, hemos alterado profundamente el funcionamiento del sistema climático. “Una de las alteraciones más características es la capa de aerosoles que suele cubrir nuestras ciudades y sus alrededores”, agrega.

También, nuestro uso del territorio y el impacto sobre los eventos extremos, como ondas de calor y sequías, han incidido en la frecuencia y recurrencia de incendios como los que se han observado este año en el hemisferio norte y cada año en nuestro continente sudamericano.

“Cambiar las fuentes de energía que dan lugar a emisiones directas de aerosoles o a la formación de los mismo son cuestiones que dependen de nuestras propias políticas”, dice.
Si seguimos alterando el sistema terrestre como lo hemos hecho hasta ahora, Gallardo indica que “es probable que veamos cada vez más eventos extremos, atmósferas más sucias y ciudades menos vivibles. Pero podemos revertir estas tendencias. Depende de todos y todas”.

Finaliza explicando que “descontaminar es un buen negocio que nos hace menos vulnerables, por ejemplo, usando más eficientemente la energía o introduciendo energías renovables no convencionales (solar, eólica, geotérmica, etc) y bajando, en general, nuestra huella de carbono”.