Bolívar

Getsemaní, barrio ‘cool’ que lucha contra el turismo ‘depredador’

Líderes piden a la Alcaldía que adopte medidas para controlar y ordenar el ingreso masivo de visitantes los fines de semana.

Poco después de que a mediados de 2018 la prestigiosa revista Forbes calificó el barrio Getsemaní de Cartagena como “uno de los más ‘cool’ del mundo”, y recomendó visitarlo a la par de sectores legendarios como Sants (Barcelona), Amsterdam Noord (Amsterdam), Navy Yard (Washington) y Maboneng (Johannesburgo), la comunidad nativa y residente en este tradicional sector del centro histórico afirma que perdió la tranquilidad y comenzó a vivir una intensa pesadilla que aún no termina.

Rumbas sin control que se prolongan hasta más allá de las 6 de la mañana en establecimientos nocturnos, así como hostales y casas arrendadas por días se convirtieron en parte del paisaje diario del barrio.

“Descontrol es total”

Pero esto no es todo, el descontrol atrajo también bandas delincuenciales, venta y consumo de alucinógenos en vía pública, prostitución, contaminación auditiva y muchas reyertas.

“La honrosa declaratoria de la revista mundialmente conocida provocó el desenfreno social que estamos padeciendo ahora en Getsemaní”, denuncia Davinson Gaviria, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio.

“Esto se salió de control”, agrega el dirigente cívico, que clama mayor atención de las autoridades para ejercer mando en el sector ahora que se avecina la reactivación económica tras el cierre por la pandemia.

Getsemaní cuenta con una población autóctona de unos 1.500 habitantes residentes en 22 manzanas, y allí funcionan 150 establecimientos comerciales de todo tipo: discotecas, bares, cantinas, restaurantes y sitios de hospedaje, entre otros.

“Antes de la pandemia Getsemaní recibía en un fin de semana 5.000 visitantes, era la locura porque se tomaban el espacio público para bailar, ingerir licor, drogarse, incluso tener sexo; y para colmo las puertas de nuestras casas les servían de baño público”, narra este líder getsemanicense nacido y criado en la Calle de las Chancletas.

Por ello Gaviria y otros voceros del sector están pidiendo la intervención urgente de la Alcaldía Distrital y la Policía Metropolitana, que a inicios de febrero, reconocen, cerraron y prohibieron la venta de licor en la Plaza de la Trinidad, sitio emblemático del barrio y uno de los de mayor concentración de turistas los fines de semana.

El presidente de la JAC coincide con la gestora cultural Elizabeth Bonilla, quien opina que la reapertura gradual del comercio de Getsemaní necesita de una profunda intervención en la que participen sus habitantes.

“Si bien la crisis económica por el virus nos ha golpeado duro, porque buena parte de la comunidad subsiste de la venta de comidas, artesanías y recorridos por el barrio, desde hace siete meses vivimos en total tranquilidad, como antes”, manifiesta Bonilla.

El Callejón Ancho y la Plaza de la Trinidad son dos de los sitios más visitados por los turistas. Wilfred Arias

Tambien San diego y la Matuna

En esta batalla por la paz, seguridad y tranquilidad, la gente de Getsemaní no está sola, cuenta con el apoyo de San Diego y La Matuna, dos barrios también importantes afectados por el mismo fenómeno. Juntos han conformado el colectivo ‘Somos Centro Histórico’ para unirse en esta lucha.

“No queremos el turismo depredador que teníamos antes, deseamos que se abra el comercio, pero que se planifique qué tipo de turismo vamos a recibir, pero eso no se ha trabajado (...) Se está reabriendo porque lo gremios están presionando, pero en caso de un rebrote los primeros afectados vamos a ser nosotros”, asegura Davinson Gaviria.

Para Elizabeth Bonilla la comunidad apuesta por un plan de reactivación basado en el turismo cultural comunitario.

“En Getsemaní hay espacio para todos, pero con orden y de la mano de la Alcaldía. No queremos volver a lo mismo”, subraya.

A su vez, Rijiam Shaikh, guía turística nacida y criada en la Calle de la Serpie, en Getsemaní, donde reside junto a su hermana Hazina, manifiesta que los habitantes perdieron la tranquilidad. “Uno tiene derecho a envejecer tranquilo, pero con este dolor de cabeza permanente no es posible”.

Rijiam cuenta que por lo general regresa a casa a las 2 de la mañana a descansar, porque a las 6 de la mañana ya debe estar en pie para reiniciar la jornada, pero es imposible por el caos de la madrugada.

Echa de menos la década de los 70, cuando las familias se sentaban a jugar y a refrescarse en las puertas de las casas.

Recuerda que los fines de semana iban al Parque Centenario a jugar y montar en bicicleta. “Los domingos era obligatorio ir a misa”, rememora la hija del comerciante de telas Abdul Salam Shaikh, oriundo de la India, y de Catalina Suárez, modista cartagenera, nativa de Getsemaní.

“En los 90 los vecinos empezaron a vender sus casas a comerciantes que los convirtieron en restaurantes, hoteles, hostales y discotecas. Ahí comenzó el problema”, se lamenta.

Wilfred Arias

La “nueva normalidad”

Sobre la nueva fase de apertura que tanto preocupa a los getsemanicenses,  la asesora de la Alcaldía Distrital para la reapertura, María Claudia Peñas, aseguró que han tenido tres mesas de participación ciudadana en las que han intervenido representantes de las organizaciones de Getsemaní. 

“Hemos recibido todas las propuestas y preocupaciones de este barrio y han sido tenidas en cuenta en el proceso de diseño de la readaptación del Centro Histórico. La reapertura económica responde a las directrices nacionales. El presidente Duque autorizo en esta nueva fase todas las actividades económicas. La Alcaldía de Cartagena no puede retrasar la reapertura. Así se lo informamos a la comunidad en las mesas de diálogo”, añadió.

“Que vengan por la riqueza cultural, no solo por rumba”

Tanto Rijiam Shaikh como Elizabeth Bonilla, dos de las voceras de Getsemaní que más conocen de la historia de su barrio, si bien no se oponen a la reapertura, recomiendan trabajar en el cambio de la calidad del turismo que reciben. “Hay que dar a conocer la riqueza cultural del barrio, aquí nació la Independencia de Cartagena, que destaquemos lo que nos hace sentir orgullosos de nuestro sector”, propone. 

Dice que ya son varias generaciones de vecinos las que han permanecido en el barrio y que salen en su defensa. “Queremos nuestro barrio y lo queremos hacer respetar. Por eso nuestro interés en que vengan a Getsemaní con una idea diferente a la rumba”, coincide con Elizabeth.Estas dos líderes sacan pecho al recordar que fue allí donde se dio el Grito de la Independencia en 1811, y concentraba los esclavos en la época de la Colonia. Se sienten orgullosos de hijos ilustres como el músico Luis Pérez Argaín, de la Sonora Dinamita; el poeta Jorge Artel, y el intérprete y compositor Juan Carlos Coronel, entre muchos otros nativos getsemanicenses.

Garantizar la convivencia

El secretario distrital del Interior, David Múnera Cavadía, anunció que este 24 de septiembre está prevista una reunión con líderes del Centro Histórico, entre ellos del barrio Getsemaní, para adoptar medidas que garanticen la tranquilidad de sus ciudadanos.

Recordó que antes de la pandemia la Alcaldía prohibió la comercialización y consumo de licor en el espacio público del barrio, mientras que la Policía redobló la vigilancia en la zona para evitar la venta de drogas. 

“Pudimos frenar los hechos que había denunciado la comunidad sobre rumbas y bacanales en espacios públicos”.

Confía en que de la reunión del 24 saldrán decisiones que garanticen la tranquilidad de los vecinos de Getsemaní. 

“En la reunión del 24 vamos a analizar la problemática porque ya empiezan a registrarse algunos hechos. El alcalde Dau está muy atento”.

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